lunes, noviembre 15, 2010

LA APOTEOSIS DEL TEDIO

¡Qué aburrido es el Sol!
Su mortal monotonía
no para de prometer bostezos.
¡Qué aburrida es la Luna!
Me contagia de gesto nocturno
en la soledad de un callejón sin saliva.
¡Qué aburrida es la calle!
Los coches en celo bramando
mientras se huelen los escapes.
¡Qué aburrida es la gente!
Impasible paisaje paseante
de pesados pasos al pasar.
¡Qué aburrido es el amor!
La rutina de la conquista
y el contrato de quererse.

¡Qué aburrido soy yo,
por estar perdiéndomelo todo!

jueves, octubre 28, 2010

Polémicas aparte

Se podrían llenar los cinco océanos y los siete mares con todas las cosas que ignoro en este mundo, y me faltaría espacio. Una de las que ignoraba, hasta ahora, es que circula por internet un texto reproducido en diferentes formatos, llamado Decálogo para formar delincuentes. Reproduzco a continuación el citado escrito:


1. Comience desde la infancia dando a su hijo o hija todo lo que le pida; así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No le dé ninguna educación espiritual y moral; espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas; esto le animará a hacer cosas más graciosas.

4. No le regañe nunca, ni le diga que está mal algo de lo que hace: podría crearle complejo de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes... hágaselo todo; así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos y ver todos los programas que se le antojen. Cuide de que sus platos, vasos y utensilios estén bien esterilizados, pero deje que su mente se llene de basura.

7. Discuta y riña a menudo con su pareja en su presencia; así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día que la familia quede destrozada para siempre.

8. Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario esforzarse y trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres; el sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos y amigos; piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle.

Y cuando esté metido en muy serios problemas... discúlpese diciendo: "Nunca pude con este muchacho".


Se atribuye la autoría de este texto al juez Emilio Calatayud Pérez. Aunque hay quien dice que no, y algunos dicen que el propio juez fue quien dijo no ser el autor, sí que lo he visto en un video leyendo este texto durante una entrevista en un programa de televisión, (y ojo, no estoy diciendo que por esto sea el autor) aquí dejo el link http://www.youtube.com/watch?v=oFITWUc8ZHE

El caso es que este escrito ha suscitado sus discrepancias y sus polémicas (parece que hoy todo es objeto de polémica). Bien, lo que yo opino es que el texto se titula Decálogo para formar delincuentes, y no Críticas a la educación liberal, ni Tratado único y determinante sobre los padres de hoy. Opino que tiene su grandísima parte de razón si no nos ponemos a buscar dobles lecturas, aunque para ser una guía inversa de como educar correctamente a los hijos, creo que le falta algo muy importante y que nombraré al final. Polémicas aparte, me voy a meter en harina y voy a entrar al análisis de cada uno de estos mandamientos:

1. Comience desde la infancia dando a su hijo o hija todo lo que le pida; así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece. Esta frase da a entender que no por darle más cosas se va a criar a una persona mejor (y yo añadiría que tampoco va a ser más feliz por ello). El problema es que hay quien entiende que lo que se dice aquí es que los valores de hoy estan equivocados, pues muchos padres actualmente tienden a pensar que hay que dar a los hijos todo lo que ellos no tuvieron.

2. No le dé ninguna educación espiritual ni moral; espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente. Este es, seguramente, el mandamiento que más ampollas levanta de los diez. Por una parte, atribuye la necesidad de unos valores para una formación adecuada de la personalidad, pero las palabras "espiritual" y "moral" hacen saltar el interruptor de "alerta: dogma religioso". Como ya he dicho otras veces, citando a Pío Baroja, "ni la religión ni la irreligión hacen mejores a las personas". Por otra parte, que en una crítica tan clara como esta aparezca como elemento clave la "libre decisión"... ¿tengo que decirlo?

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas; esto le animará a hacer cosas más graciosas. Aparte de tener un tono de sarcasmo bastante amargo, esta frase no debería suscitar gran oposición por si sola: el problema es que no está sola.

4. No le regañe nunca, ni le diga que está mal algo de lo que hace: podría crearle complejo de culpabilidad. Este es un enunciado que puede evocar algo bastante intrínseco: puede que haya aquí quien recuerde una entrada anterior en este blog titulada Antología del disparate. Está extraída de un libro homónimo, en cuyo prólogo hablaba el profesor que reunía los múltiples disparates de los exámenes. En una de sus divagaciones finales comentaba (no recuerdo literalmente la frase) algo así como: uno no puede más que aceptar leer el error y no darles un guantazo, no sea que vayan a desarrollar algun tipo de "complejo". Digamos que alguna gente atribuye a la palabra "complejo" un carácter que en terminos vulgares definiríamos como "cuentitis", y que hay otra gente que atribuye a alguna gente la atribución a la palabra "complejo" de dicha característica. Remuévase bien y voilà!... gente ofendida. Como apunte personal, diré que no creo que la educación radique en regañar o no regañar, sino en... educar.

5. Recoja todo lo que deja tirado: libros, ropa, zapatos, juguetes... hágaselo todo; así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás. Aquí no hay más ofensa que una común a todas: el mentar al hijo de alguien como déspota o mala persona, cosa que ofende a muchos con su mera especulación.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos y ver todos los programas que se le antojen. Cuide de que sus platos, vasos y utensilios estén bien esterilizados, pero deje que su mente se llene de basura. Otro pequeño elemento que recuerda a un eco venido del pasado para decirnos que los valores actuales se equivocan: la censura, palabra tabú. Vamos a ver: ¿de verdad le parece a alguien que lo que se emite hoy por televisión es lo más adecuado para los niños? ¿De verdad necesitamos un país lleno de aspirantes a entrar en la casa de Gran Hermano?

7. Discuta y riña a menudo con su pareja en su presencia; así no le sorprenderá ni le dolerá demasiado el día que la familia quede destrozada para siempre. Hay quien cree que esto dice que sólo la estructura de la familia tradicional puede educar correctamente a una persona. Ni eso es cierto, ni está diciendo eso: sólo que la sensación de estabilidad en la familia es muy importante para el desarrollo de los hijos.

8. Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario esforzarse y trabajar. Este enunciado viene a decir lo que venía en el primero. En una interpretación un poco libre, "no por darles más dinero los quieres más".

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres; el sacrificio y la austeridad podrían provocarle frustraciones. Me ha parecido curioso que en uno de los vídeos con este decálogo que pueblan youtube, se acompañe esta frase con la foto de un niño bastante gordito; como si la obesidad no pudiera tener más causas que la negligencia educacional paterna. Aparte de eso, que no es cosa del autor del decálogo sino del editor del vídeo, tal vez sea la insinuación de que es mejor un niño frustrado que un niño consentido, como si la frustración no fuera más que una patraña de la psicología moderna (como mencionaba antes acerca de los complejos) lo que crea fuertes discrepancias.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos y amigos: piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle. Hombre, hay conflictos y conflictos: habría que examinar las multiples variables que ofrece la casuística. Habría unos casos en que habrá que regañarle, habrá otros casos en los que habrá que defenderle.

A mi entender, cada uno de estos mandamientos tiene una pequeña y valiosa semilla de verdad: no por tenerlo todo los niños crecen mejor, ni por dejarles a su libre albedrío moral, ni por reirles las gracias siempre, ni por no regañarles, ni por hacerlo todo por ellos, ni por dejarles ver todo lo que echan por la tele, ni por consentirles todo. Puede que el mayor problema que han visto muchos en este decálogo sea su tono de sarcasmo, tal vez la intuición de un odio o un rencor que resuena entre generaciones. Por mi parte, una cosa hay que no convierte a este texto en una pequeña guía para criar a los hijos: en ninguna parte se menciona que los niños además de disciplina necesitan cariño; y que además de valores necesitan felicidad; polémicas aparte, estos conceptos no se contrarian entre sí.

miércoles, agosto 11, 2010

Sonetillos

Es la rosa de mis vientos,
es la flor de la pasión,
es la voz de la razón,
es sólo una entre cientos,

es princesa de mis cuentos,
es anuncio en mi tablón,
es la fruta en bodegón,
es la diana en mis intentos,

es un año en un segundo,
es el brillo en las estrellas,
es respuesta: un sí rotundo,

es el genio en mi botella,
es la diosa de mi mundo,
¿Soy yo algo para ella?

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Muy brillante luz en lo alto,
dolor y miedo por dentro,
de las miradas el centro
y de fuerzas muy falto;

tullido sin sobresalto
se atropella el pensamiento
y me invade un sufrimiento
de frío azul cobalto.

Luchando como una nave
que en noche de niebla sabe
que ha de buscar el faro;

esperanza, poca cabe:
sólo un canto triste de ave
teñido de desamparo.

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La condena por placer
de un falso amor que la apresa,
abrazo de niebla espesa,
es condena de mujer.

Quieren que cante el somier,
y a ninguno le interesa
que sueñes a ser princesa
como la niña de ayer.

Esperando a que él dé el paso,
ese paso que no llega
ni siquiera con retraso,

una lágrima cae y riega
el mal sabor del fracaso
que deja un beso de pega.

martes, agosto 10, 2010

Cuando yo era pequeño

Cuando yo era pequeño
creía en las esmeraldas,
en el verano eterno
de la luna naranja.

Cuando yo era pequeño
y los gatos volaban,
no existía el desierto
de las flores heladas.

Cuando yo era pequeño
la pena era una palabra
que decían los cuervos
siempre en otra ventana.

Cuando yo era pequeño
había una luz blanca
alumbrándome un sueño
en el fondo del alma.

Y al final pasó el tiempo,
y el reloj echó alas,
y el color del dinero
quiso pintarme la cara.

Y al final pasó el tiempo,
pero no cambió nada,
cuando yo era pequeño
sin saberlo, te amaba.

lunes, agosto 09, 2010

EL MADRILEÑO

El caso es que el pasado mes de octubre, no recuerdo qué dia, mi tía de Cangas murió. Bueno, una de ellas: tanto mi padre como mi madre tienen muchos hermanos, me pierdo un poco con la genealogía. Sin embargo, a los de Cangas no les ocurre. Como ya he dicho antes, allí todo el mundo conoce a todo el mundo; sin embargo, en la villa viven más de 7000 personas, y eso sin contar el concejo, esto es, los pueblos colindantes, que suman alrededor de 22000 habitantes. ¿Cómo se conocen entre tanta gente? Pues por las familias.

-Pues el otro día ví a Fulanito...

-¿Quién?

-Sí home, sí, el fío de Menganita, la que se casó con ese de Bornazal, que los padres tenían...

-¡Ah, ya sé quien dices!

Esto es un ejemplo típico de conversación allí. Bien, como iba diciendo, mi tía Emilia, una hermana de mi madre, falleció a causa de un cáncer de pulmón, así que la familia, "los de Madrid" como nos llaman el resto, fuímos a Cangas para el entierro, que se celebró en Turia, un pequeño pueblo de las montañas, de donde eran mis abuelos maternos y donde también están enterrados. El caso es que estábamos allí y claro, hacía mucho tiempo que yo no iba a Cangas y me convertí en el centro de atención: que si "cuanto hacía que no te veíamos", que si "vaya lo que cambiaste", etcétera. Entonces, uno de mís tíos, el tío Jose Luís, que también vivía en Turia, me invitó a pasar las fiestas del Carmen en su casa.

Hacía muchos años que no iba a Cangas, desde que era pequeño, y la verdad es que no tenía muchas ganas de dejar Madrid una semana para pasarla en un sitio donde no conozco a nadie (porque de mi familia de Cangas tengo un recuerdo muy, muy lejano y a la mayoría no los conozco). Así que dije que no, pero a alguien de Cangas no se le puede decir que no, no pregunten cómo pero entre lo que insistió mi tío y que yo no tenía realmente argumentos para negarme... al final fue mi madre la que me comprometió a mí para pasar las fiestas en Cangas. Y así pasaron los días, pasaron los meses, y con más resignación que ganas, el 12 de julio estaba en un avión volando hacia Asturias.

(continuará...)

viernes, agosto 06, 2010

El de detrás en las fotos

Suele haber en los recuerdos,
en las imágenes que atestiguan
las reuniones,
un rostro semioculto y lejano
sobre los grupos de amigos;
el más alto de la pandilla.
Tiene cansancio en la mirada
de ejercitar vista de águila,
la espalda arqueada
por agacharse a escuchar,
para que no tengan que gritar
los que no están a su altura.
Miradlo siempre desde lejos,
pues desde cerca
tendréis que mirar hacia arriba.

A la hora de las fotos
se le ve ir, entre manso y resignado
a su eterno puesto:
el último de la fila,
donde sólo asoma su cara
sobre un bosque de coronillas;
pocas o ninguna vez ha visto su cuerpo
el ojo vídreo de la cámara,
y si a ella preguntais sólo os hablará
de unos ojos cansados,
de una barba distraida,
de una sonrisa en la distancia.

(El lunes seguiremos con más cosillas)

jueves, agosto 05, 2010

EL MADRILEÑO (una novela canguesa)

Me llamo Félix, tengo 34 años y soy madrileño. Yo pensaba que "madrileño" sólo significaba "ser de Madrid" o "haberse criado en Madrid", pero eso era antes de mi último viaje a Cangas. Claro, que allí hay muchas cosas que significan algo totalmente distinto, además de que tienen cosas que en Madrid no existen y cosas que existen en Madrid pero no allí.

Lo siento, tal vez voy demasiado deprisa. Debería haber empezado diciendo que me refiero a Cangas del Narcea. Es una pequeña población en el suroeste de Asturias, enclavada en un valle y alejada de todo. La población mayor que Cangas más cercana es Grado y está a unos 60km. Es un... ¿pueblo? ¿ciudad? Es difícil decirlo: es demasiado pequeña para llamarla ciudad, y demasiado grande para la idea que los urbanitas tenemos cuando pensamos en un pueblo. Los cangueses lo han dejado en "villa", así que vamos a respetar el término, aunque por mi parte no sé muy bien lo que quiere decir.

De allí son mis padres. Antes de que se casaran, a mi padre le habían ofrecido trabajo en Madrid en una fábrica de recambios de automóvil por mediación de un pariente. Como el trabajo fuera bien, al final mi madre se fue también a Madrid y se casaron allí. Mi madre empezó limpiando casas y cuidando niños, hasta que se quedó embarazada y entonces mi padre dijo que nada de seguir trabajando, así que con sacrificios y lo que habían ido ahorrando, pudieron ir tirando hasta que nació el niño: mi hermano Rubén.

Yo nací tres años más tarde, y la cosa había mejorado bastante: a mi padre le habían ascendido en la fábrica y ahora era una especie de pequeño encargado, lo justo para que su sueldo le permitiera mantener a dos hijos y que no necesitasen otro sueldo (el de mi madre). Recuerdo que, por aquel entonces, durante el mes de julio, mis padres "volvían" a Cangas con Rubén una semana. Yo me quedaba con unos vecinos que también eran asturianos, no hacía el viaje porque era demasiado pequeño.

La primera vez que fui tenía seis años. Fue un viaje interminable en un coche que hoy en día sería la pesadilla de cualquier inspector de seguridad. ¡En serio! No entiendo como los de mi generación hemos sobrevivido a nuestra infancia. Hoy en día no paramos de ver en las noticias los accidentes de coches y la elevada tasa de mortandad en carretera, y sin embargo cuando yo era niño los coches no es que no tuvieran airbag, ¡es que no tenían cinturones de seguridad en los asientos traseros! Pero bueno, aquí estoy para contarlo.

Decía que mi primer viaje a Cangas fue cuando tenía seis años. Recuerdo que lo vi como un sitio mágico, como sólo los niños lo pueden ver. Miraras donde miraras veías los edifícios, pero más a lo lejos, elevándose sobre ellos, veías los montes verdes y frondosos que rodeaban la villa. Y recuerdo jugar, jugar y jugar, desde temprano en la mañana hasta entrada la noche, cosa que hubiera sido impensable en Madrid. Pero allí mis padres no se preocupaban: allí todo el mundo conocía a todo el mundo, y estaba demasiado lejos de todo como para que ocurriese nada. Cangas era un sitio perfecto para criar a los niños sin los peligros de la gran ciudad.

(continuará...)