Mostrando entradas con la etiqueta ENSAYO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ENSAYO. Mostrar todas las entradas

lunes, marzo 12, 2012

Daño, dolor y castigo

Se ha hablado mucho sobre la pena de muerte; que sí, que no... ¿Qué puedo decir yo al respecto? No soy un penalista ni un criminólogo, por lo que no puedo hablar con pleno conocimiento ni preparación sobre ello. Tampoco soy un filósofo o un pensador: he estudiado filología pero tampoco soy filólogo porque abandoné la carrera. Entonces, y repitiendo la pregunta, ¿qué puedo decir yo sobre la pena de muerte? ¿Acaso puedo ofrecer una nueva perspectiva, una línea de pensamiento distinta que esclarezca un poco dónde está o podría estar la razón?

Como he dicho antes, no soy un experto. Lo más cerca que he estado del estudio del derecho ha sido porque he estado preparando oposiciones para el cuerpo de ayudantes de instituciones penitenciarias, lo cual en sí no se puede considerar estudio del derecho. No he leído a autores como Howard, Beccaria o Rawls; sólo tengo un conocimiento somero de nuestra legislación penal actual. No obstante, el pensar en trabajar en una prisión en el futuro me ha hecho reflexionar acerca de conceptos como la reinserción social, la prevención delictiva y la efectividad de las penas.

Dice la teoría que las penas contribuyen a la prevención del delito de dos maneras: una es la prevención general, que consiste en que la sociedad, al conocer que tales conductas conllevan tales castigos, tratará de evitar caer en el delito; la segunda es la prevención especial, que se da cuando el delincuente es penado y apartado de la sociedad, evitando así que esa persona concreta cometa nuevos crímenes. Bien, hasta aquí no encontramos problemas, ¿verdad? Todo suena lógico y perfecto. Pero entonces, ¿por qué las cárceles están llenas? ¿Por qué, a pesar de existir penas que castigan los delitos, éstos se siguen cometiendo?

Dándonos cuenta de esto, debemos suponer entonces que, al menos, la prevención general no funciona para todas las personas. Sería un esfuerzo vano tratar de explicar por qué con todo el acierto, de manera que yo, inexperto y lego, no puedo más que aventurar una hipótesis, tal vez un tanto manida y vaga: no somos todos iguales.

Esto es algo tan cotidiano que no debería necesitar una justificación... y sin embargo, la daré: sabemos que no existen dos personas iguales. Unos son de un equipo, otros de otro; a unos les atrae un tipo de música, a otros la mera mención de ella les asquea; la simple visión del rostro del presidente del gobierno sirve para diferenciar a primera vista a sus partidarios de sus detractores. No hay dos individuos que tengan exactamente la misma inteligencia, las mismas habilidades, los mismos gustos.

Vayamos un poco más allá: dando por sentado el hecho de que cada individuo es único y a la vez completamente diferente de cualquier otro (diferente aunque dentro de las similitudes inevitables de los miembros de una misma especie, claro está), no nos será extraño asumir que un mismo estímulo provoca diferentes reacciones en dos individuos distintos. Las razones de esto pueden ser de muy diversa índole: desde físicas y fisiológicas, a psicológicas o neurológicas, pasando por culturales, religiosas, generacionales...

Una vez asumido esto, supongamos que concebimos el entorno en que una persona se desarrolla como un conjunto de variables, donde confluyen las experiencias, la familia, la cultura, la religión, y también aspectos menos llamativos y obvios como pueden ser el vecindario, la historia mundial y nacional, el régimen político y la legislación vigente: todo ello, y más que no menciono por no convertir estas líneas en un mero inventario, conforman lo que llamamos entorno. Cada una de estas variables del entorno no es sino un estímulo continuo que deja un sedimento en el fondo de la mente de cada individuo que se desarrolla en dicho entorno, y mediante las cuales se va forjando la personalidad.

Claro que el entorno no lo es todo: dos individuos no desarrollan la misma personalidad solo por criarse en entornos idénticos, y es que en el desarrollo de la persona también inciden aspectos del propio individuo, como sus capacidades y aptitudes, talentos, inclinaciones, así como los genes y la salud física y mental. Como no hay dos individuos iguales, tampoco hay dos individuos que se desarrollen de la misma manera, puesto que se desarrollan en el entorno de diferente modo.

Bien, ahora que hemos allanado el terreno, comencemos a construir: sabemos que un factor muy importante en el desarrollo de una persona es la figura de los padres. Un proverbio japonés dice: "los niños aprenden mirando la espalda de sus padres". Hemos visto innumerables veces que los hijos salen a sus padres, y si alguien tiene una determinada conducta, es fácil que sus hijos la adquieran también.

Y aquí viene el salto cognitivo: si el Estado, máxima autoridad, tiene la facultad para ejecutar a los delincuentes (es decir, personas que han causado un daño y para las cuales el Estado no encuentra otra solución más que la muerte), ¿no sería lógico pensar que algunas personas que se hayan criado en ese Estado, que han crecido sabiendo que la solución legítima y última que existe en su país para la gente incorregible y dañina es la muerte, interpreten y crean que es ésa la solución que ellos mismos deben aplicar a quien les causa un daño?

No digo que esto sea cierto, es tan solo una hipótesis. Se me ocurrió que podría ser así cuando oí en un documental que en aquellos estados de Estados Unidos en los que está vigente la pena de muerte son también en los que se cometen mayor número de asesinatos, de lo cual deduje dos cosas: la primera, que la prevención general que mencionaba más arriba no es efectiva y disuasoria, al menos no para todos, y la segunda, que tal vez sea precisamente la existencia de la pena de muerte lo que causa que en esos estados la gente tenga una mayor tendencia a tomarse la justicia por su mano.

Porque, ¿qué es la justicia? Dice el diccionario de la RAE que es "una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece", y también "derecho, razón, equidad". Cuando alguien comete un crimen está ocasionando un daño por medio de una conducta antisocial. Pero no basta sólo la reparación del daño: la devolución de lo sustraido no repara un atraco, por ejemplo. Esto es debido a que la comisión de un delito genera también en la sociedad una sensación de inseguridad, que es reparada mediante el castigo público al delincuente.

Ahora bien: las normas del Estado de Derecho exigen que estos castigos estén previamente tasados y sean de conocimiento público: por un robo, tanto de cárcel o de multa; por una estafa, tanto, etc.  El problema está en que, cuando una persona se toma la justicia por su mano, cuando pretende restablecer por sí misma una equidad quebrantada, no está valorando únicamente el desperfecto ocasionado, sino también el dolor que ha sufrido. De ahí que la venganza sea desproporcionada, casi siempre.

No soy tan iluso de pensar que la erradicación de la pena de muerte acabe con la comisión de asesinatos: aquí mismo en España no tenemos pena de muerte, y por desgracia aquí también se cometen; pero no me parece del todo descabellado pensar que su número se viera reducido.

El artículo 25.2 de nuestra Constitución, del que emana toda nuestra legislación penitenciaria dice: "Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas a la reeducación y reinserción social, y no podrán consistir en trabajos forzados". Esto por si mismo ya descarta la cadena perpetua, puesto que con ella no habría posibilidad de reinserción. No digo que nuestra legislación sea la mejor, pero el espíritu que encierra me parece el correcto.

¿Qué haría yo? Tal vez sustituir la pena de muerte por cadena perpetua, aplicada solo a casos irremediables de delincuentes imposibles de reinsertar (que los hay, no nos engañemos: psicópatas, sociópatas, etc). Pero como decía al principio, yo no soy un experto ni una autoridad en la materia: sólo soy un joven con algún talento para la redacción y algunas inquietudes. Sin embargo, queden aquí estas líneas, por si alguien con más capacidad pudiera algún día encontrar en ellas algún atisbo de algo mejor para el futuro. Ya que es todo lo que puedo hacer, no voy a privarme de hacerlo. Después de todo, algo tengo que hacer para intentar mejorar el mundo, aunque sea sólo por egoismo: yo también vivo aquí.

jueves, marzo 08, 2012

Jueves

A veces siento el impulso de escribir sobre algo. A veces es un impulso, a veces un empujón y a veces un tirón. Impulso es cuando me viene de dentro; empujón y tirón es cuando me viene de fuera. La diferencia entre estos dos es que el empujón es algo que alguien te da desde atrás para alejarte, y el tirón viene de alguien que te agarra para tenerte más cerca. Podría decirse que esta entrada es por un tirón.

Hoy es jueves, un jueves como otro cualquiera, otro ecuador de la semana como hemos visto pasar cientos y como, esperemos, veremos otros tantos llegar. Nada de particular salvo que ha coincidido caer ocho de marzo, y de nuevo nada de particular en ello, excepto porque se ha dado en llamar al 8 de marzo el Día Mundial de la Mujer, lo que entre otras cosas me recuerda esto http://www.youtube.com/watch?v=XsO49k8MY-4

Y después de Andrés Calamaro, continúo. ¿Qué puedo contar aquí? Poco, o nada. Al igual que para muchos hombres, la esencia misma de la mujer me resulta incomprensible. Si algo sé es que no sé gran cosa, o nada, pero no diré que no sé nada, aunque sea lo cierto, sólo porque emular a Sócrates de esta manera es algo de lo que han abusado tanto los pedantes como los hipócritas.

Como decía, no me siento capaz de hacer aquí una diserción genial sobre el alma femenina, igual que no me siento capaz de hacer una diserción genial sobre ninguna cosa. Pero sí haré una pequeña reflexión, humilde, minúscula, sobre el significado de este ocho de marzo.

Pensaba dejar algunas citas célebres sobre la mujer, pero he visto que la mayoría son de una chabacanería tal que bien podrían haber sido paridas por cualquier charrán apoyado en la barra de una tasca, ante un vaso de vino y con un palillo en la boca, así que lo he descartado por esta razón, y por otra que explico a continuación.

Hoy, los falsos progresistas están de enhorabuena. ¡Oh, el día de la mujer! ¡Gloria y pleitesía a la sacrosanta Igualdad! Las feministas más falofóbicas afilan sus uñas y sus dientes a la espera que algún machista les ataque verbalmente, para responder con una prepontencia comparable a la de aquellos que combaten. Pues, ¿no se ha dicho una y mil veces que combatir algo denodadamente acaba por acercarte más a ello?

Me parece mal que haya un día de la mujer. No porque piense que las mujeres no deban tener su día, sino porque pareciera que solamente un día se les otorgase el derecho a estar orgullosas de lo que son, a caminar con la frente alta y a reclamar su dignidad. La sociedad que las ha vilipendiado a través de la Historia les arroja un hueso, y se supone que hay que aplaudirlo.

A muchos se les olvida (y muchos otros no han comprendido jamás) que las mujeres son seres humanos. Si todos los días es el día del hombre, todos los días debería ser también el día de la mujer. Cada día ocho de marzo, y seis de enero, y catorce de febrero, y veinticinco de diciembre, y doce de octubre, y siete y dieciseis de julio (San Fermín y El Carmen respectivamente), y nueve de septiembre, y seis de diciembre, y uno de noviembre; para que tal día como hoy, las mujeres fueran consideradas por fin como lo que son y no como un perrillo al que se acaricia de vez en cuando para tenerlo contento, y así hoy no significaríamos que es el Día de la Mujer, sino un jueves como otro cualquiera.

martes, febrero 14, 2012

El amor es la hostia

Creo que tengo la mala costumbre de poner títulos horribles a lo que escribo, o puede que piense que tal vez así llame la atención del lector. Quizá es que crea que divagar sobre el título me dé pie a un párrafo introductorio. De todos modos ya he malgastado varias lineas escribiendo para no decir nada, y como no tengo intención de acabar dedicándome a la política, iré al asunto. Y por si alguien se lo está preguntando, la respuesta es no: este artículo no trata de justificar la violencia conyugal. Por no caer en el improperio, me reservo mi opinión sobre esa gente.

A lo que vamos: me he puesto a pensar sobre el amor, a raíz de la fecha que nos ocupa. Me viene a la mente la coplilla aquella que dice "tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor". Y como siempre acabo enredando las cosas, me he puesto a desmenuzarlo y liarlo todo, llegando a las siguientes conclusiones:

La salud es algo indispensable. Sin salud, la propia vida está resentida. Los problemas más graves que puede tener una persona seguramente sean de salud, pues todo tiene remedio salvo la muerte. El dinero, para bien o para mal, es necesario en nuestra sociedad. Cuando falta el dinero, nos preocupamos y todo se nos hace cuesta arriba. Bien lo sabemos en los tiempos que nos ha tocado vivir.

¿Y el amor? Al amor se le ha puesto en tercer lugar en una lista de tres cosas que hay en la vida. Pareciera que el amor no es tan importante como la salud o el dinero. ¿No lo es? Bueno, tal vez se nos haya pasado una cuarta cosa que hay en la vida; una cuya búsqueda, según sostiene algunos autores, constituye de hecho el auténtico sentido de la vida: la felicidad.

¿La salud da la felicidad? Teniendo un grave problema de salud parece difícil ser feliz, pero tampoco hemos visto a nadie que vaya por ahí celebrando lo sano que está. Sabemos que hay hombres y mujeres que se sienten muy desdichados cuando tienen algunos kilos de más, pero sabemos también que no les duele por su salud, sino por su físico. Respecto a la felicidad, parece que la salud no hace mucho más que ofrecer un pobre consuelo a los que no hemos sido agraciados en el sorteo de la lotería de Navidad. Igual que el 14 de febrero es el día del amor, podría decirse que el 22 de diciembre es el día de la salud.

Lo cual me lleva al siguiente punto: el dinero. Hay mucha controversia sobre si el dinero da o no la felicidad. Lo cierto es que el dinero puede conseguir muchas cosas, por ejemplo aparte de los consabidos objetos materiales, el dinero puede mejorar el estatus social o el prestigio de una persona. Nuestra sociedad mide casi todas las cosas en función de su valor monetario. "Tanto tienes, tanto vales", es un mantra que hemos oído hasta la saciedad, hasta el punto que lo hemos asumido como una verdad irremediable. Si nos ofrecen dinero lo cogemos, y preferimos coger más a coger menos, ¡por supuesto! Conseguir dinero nos alegra, pero ¿llega al punto de hacernos felices? Creo que eso ya son palabras mayores.

¿Y el amor? ¿Da el amor la felicidad? Yo digo sí, y no. Opino que entre la salud, el dinero y el amor, es éste último quien tiene más posibilidades de hacer que una persona sea feliz.

Cuando la salud falla y enfermamos, la cercanía de nuestros seres queridos no nos cura, es cierto, pero nos reconforta. Cuando nos falta el dinero ocurre algo similar: el gesto de un amigo que nos apoya en un momento de necesidad puede llegar a resultar mucho más valioso que el dinero efectivo que éste nos pueda prestar.

Porque el amor es mucho más que lo que encontramos en una relación de pareja: el amor existe entre padres e hijos, entre hermanos, entre los buenos amigos. "En la realidad no existen amistades épicas: se tienen amigos para pasar el rato", dijo Pío Baroja. Y aunque en términos generales estoy de acuerdo, debo hacer la siguiente observación: quien tiene amigos para pasar el rato es porque no sabe tenerlos de otra forma, no sabe tratarlos de otra manera.

¿Por qué no sabemos? No es que no sepamos, pero es harto común que el amor nos produzca vergüenza, sobre todo a los hombres. La sociedad ridiculiza a quien expresa sus sentimientos, y por lo tanto no se nos enseña a querer, nadie aprende a amar. La mayoría se conforma con cariño y sexo, la sociedad se frota las manos en aras de lo práctico y el mundo sigue girando.

El amor es una disciplina muy seria que puede aprenderse. El que quiera hacerlo, tiene que leer mucho sobre ello, no sólo en filosofía; también incluso en las novelas, en las películas se puede aprender sobre el amor. Después hay que conocerse bien a uno mismo, pues el amor no se manifiesta de igual forma en todos nosotros: unos son capaces de amar más, otros menos o de diferente manera. "El asesino sabe más de amor que el poeta", dijo en una canción Joaquín Sabina.

Como he dicho antes, hay muchos tipos de amor. Está el amor tierno que nos hace acurrucarnos al lado del ser amado durante horas; el amor loco que nos lleva a hacer cualquier sacrificio; el amor generoso que pone a la otra persona como más importante que uno mismo a la hora de tomar cualquier decisión; el amor doloroso, como un cinturón de clavos sujeto demasiado apretado, pero que ninguno querría quitarse.

"El amor son tres flores que se riegan a diario" dijo en una canción Carlos Chaouen. Es cierto: el amor es un cultivo que hay que cuidar. Cuando tú dudas, ella está firme; cuando ella se abate, tú la consuelas; cuando uno de los dos cae, el otro lo levanta. A veces a costa de la salud, a veces a costa del dinero, sólo por el amor profundo y cierto que se siente hacia la otra persona. San Valentín fue un sacerdote al que se condenó a muerte por casar a parejas que no tenían permiso para ello. Sería un pobre homenaje a este hombre conmemorar el día simplemente comprando flores o bombones. El amor es mucho más que eso, tanto que gente como él ha entregado su vida.

Concluyo diciendo lo que decía al principio, porque creo que es lo que mejor lo expresa. Es breve, es conciso y no deja lugar a dudas: el amor es la hostia.

miércoles, enero 05, 2011

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

No diré que he sido bueno este año, porque decidir eso os corresponde a vosotros.

Hace muchos años que no os escribo, probablemente desde que yo mismo me convertí en Rey Mago como vosotros, pero no por ello dejo de pensar en todo el trabajo que tenéis en estas fechas. Y no lo digo por los regalos, sino por esa ilusión que hay en la gente, y no sólo en los más pequeños, que tienen tanta que la irradian y nos la contagian a los mayores; por ese misterioso halo de paz que inunda los corazones fríos tras un año de penas sucesivas; por esa íntima alegría que hace que olvidemos por un momento nuestros rencores y nos sentemos junto a nuestros hermanos a compartir el pan que tenemos la suerte de tener. Parece... no: es magia, por eso sé que es cosa vuestra.

Por eso, en estos tiempos de escasez, de gente preocupada que cuenta las pocas monedas que consiguen hallar en sus carteras, preguntándose qué será de ellos el día de mañana, no os pido cosas materiales, que se lleva el viento. Os pido para todos, os pido fuerzas para salir adelante por nuestros propios medios; buen criterio, para poder encontrar el camino; salud, para todos y para quienes más la necesitan; bondad, para tender la mano sin mirar a quien; y memoria, para que no repitamos nuestros errores. Todo esto vamos a necesitarlo durante todo el año, y algo más, tal vez lo más importante: que no se apague la llama de la ilusión en el corazón de la gente, porque en la oscuridad más profunda, deberá ser más brillante que nunca.

Por mi parte, y con vuestro permiso, este año intentaré seguir siendo embajador de sus majestades de oriente todo el año: un pequeño Rey Mago generoso que regale, al menos, una sonrisa, un abrazo, una palabra amable y sincera. Ya he dicho antes que no se si soy bueno o no: si no lo soy, quiero serlo; si lo soy, quiero ser mejor. Por eso trataré de imitar vuestra magia, de convertir la tristeza en esperanza, de hacer que, aunque sólo sea por un momento, haya alguien que recupere la fe en el ser humano.

Sin más, se despide de vosotros vuestro servidor, amigo, y eterno aprendiz de tres hombres buenos que estuvieron ahí el día en que se obró el milagro, cuando el hijo de Dios vino a nosotros en forma de hombre para enseñarnos a ser humanos.

jueves, octubre 28, 2010

Polémicas aparte

Se podrían llenar los cinco océanos y los siete mares con todas las cosas que ignoro en este mundo, y me faltaría espacio. Una de las que ignoraba, hasta ahora, es que circula por internet un texto reproducido en diferentes formatos, llamado Decálogo para formar delincuentes. Reproduzco a continuación el citado escrito:


1. Comience desde la infancia dando a su hijo o hija todo lo que le pida; así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No le dé ninguna educación espiritual y moral; espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas; esto le animará a hacer cosas más graciosas.

4. No le regañe nunca, ni le diga que está mal algo de lo que hace: podría crearle complejo de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes... hágaselo todo; así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos y ver todos los programas que se le antojen. Cuide de que sus platos, vasos y utensilios estén bien esterilizados, pero deje que su mente se llene de basura.

7. Discuta y riña a menudo con su pareja en su presencia; así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día que la familia quede destrozada para siempre.

8. Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario esforzarse y trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres; el sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos y amigos; piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle.

Y cuando esté metido en muy serios problemas... discúlpese diciendo: "Nunca pude con este muchacho".


Se atribuye la autoría de este texto al juez Emilio Calatayud Pérez. Aunque hay quien dice que no, y algunos dicen que el propio juez fue quien dijo no ser el autor, sí que lo he visto en un video leyendo este texto durante una entrevista en un programa de televisión, (y ojo, no estoy diciendo que por esto sea el autor) aquí dejo el link http://www.youtube.com/watch?v=oFITWUc8ZHE

El caso es que este escrito ha suscitado sus discrepancias y sus polémicas (parece que hoy todo es objeto de polémica). Bien, lo que yo opino es que el texto se titula Decálogo para formar delincuentes, y no Críticas a la educación liberal, ni Tratado único y determinante sobre los padres de hoy. Opino que tiene su grandísima parte de razón si no nos ponemos a buscar dobles lecturas, aunque para ser una guía inversa de como educar correctamente a los hijos, creo que le falta algo muy importante y que nombraré al final. Polémicas aparte, me voy a meter en harina y voy a entrar al análisis de cada uno de estos mandamientos:

1. Comience desde la infancia dando a su hijo o hija todo lo que le pida; así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece. Esta frase da a entender que no por darle más cosas se va a criar a una persona mejor (y yo añadiría que tampoco va a ser más feliz por ello). El problema es que hay quien entiende que lo que se dice aquí es que los valores de hoy estan equivocados, pues muchos padres actualmente tienden a pensar que hay que dar a los hijos todo lo que ellos no tuvieron.

2. No le dé ninguna educación espiritual ni moral; espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente. Este es, seguramente, el mandamiento que más ampollas levanta de los diez. Por una parte, atribuye la necesidad de unos valores para una formación adecuada de la personalidad, pero las palabras "espiritual" y "moral" hacen saltar el interruptor de "alerta: dogma religioso". Como ya he dicho otras veces, citando a Pío Baroja, "ni la religión ni la irreligión hacen mejores a las personas". Por otra parte, que en una crítica tan clara como esta aparezca como elemento clave la "libre decisión"... ¿tengo que decirlo?

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas; esto le animará a hacer cosas más graciosas. Aparte de tener un tono de sarcasmo bastante amargo, esta frase no debería suscitar gran oposición por si sola: el problema es que no está sola.

4. No le regañe nunca, ni le diga que está mal algo de lo que hace: podría crearle complejo de culpabilidad. Este es un enunciado que puede evocar algo bastante intrínseco: puede que haya aquí quien recuerde una entrada anterior en este blog titulada Antología del disparate. Está extraída de un libro homónimo, en cuyo prólogo hablaba el profesor que reunía los múltiples disparates de los exámenes. En una de sus divagaciones finales comentaba (no recuerdo literalmente la frase) algo así como: uno no puede más que aceptar leer el error y no darles un guantazo, no sea que vayan a desarrollar algun tipo de "complejo". Digamos que alguna gente atribuye a la palabra "complejo" un carácter que en terminos vulgares definiríamos como "cuentitis", y que hay otra gente que atribuye a alguna gente la atribución a la palabra "complejo" de dicha característica. Remuévase bien y voilà!... gente ofendida. Como apunte personal, diré que no creo que la educación radique en regañar o no regañar, sino en... educar.

5. Recoja todo lo que deja tirado: libros, ropa, zapatos, juguetes... hágaselo todo; así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás. Aquí no hay más ofensa que una común a todas: el mentar al hijo de alguien como déspota o mala persona, cosa que ofende a muchos con su mera especulación.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos y ver todos los programas que se le antojen. Cuide de que sus platos, vasos y utensilios estén bien esterilizados, pero deje que su mente se llene de basura. Otro pequeño elemento que recuerda a un eco venido del pasado para decirnos que los valores actuales se equivocan: la censura, palabra tabú. Vamos a ver: ¿de verdad le parece a alguien que lo que se emite hoy por televisión es lo más adecuado para los niños? ¿De verdad necesitamos un país lleno de aspirantes a entrar en la casa de Gran Hermano?

7. Discuta y riña a menudo con su pareja en su presencia; así no le sorprenderá ni le dolerá demasiado el día que la familia quede destrozada para siempre. Hay quien cree que esto dice que sólo la estructura de la familia tradicional puede educar correctamente a una persona. Ni eso es cierto, ni está diciendo eso: sólo que la sensación de estabilidad en la familia es muy importante para el desarrollo de los hijos.

8. Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario esforzarse y trabajar. Este enunciado viene a decir lo que venía en el primero. En una interpretación un poco libre, "no por darles más dinero los quieres más".

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres; el sacrificio y la austeridad podrían provocarle frustraciones. Me ha parecido curioso que en uno de los vídeos con este decálogo que pueblan youtube, se acompañe esta frase con la foto de un niño bastante gordito; como si la obesidad no pudiera tener más causas que la negligencia educacional paterna. Aparte de eso, que no es cosa del autor del decálogo sino del editor del vídeo, tal vez sea la insinuación de que es mejor un niño frustrado que un niño consentido, como si la frustración no fuera más que una patraña de la psicología moderna (como mencionaba antes acerca de los complejos) lo que crea fuertes discrepancias.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos y amigos: piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle. Hombre, hay conflictos y conflictos: habría que examinar las multiples variables que ofrece la casuística. Habría unos casos en que habrá que regañarle, habrá otros casos en los que habrá que defenderle.

A mi entender, cada uno de estos mandamientos tiene una pequeña y valiosa semilla de verdad: no por tenerlo todo los niños crecen mejor, ni por dejarles a su libre albedrío moral, ni por reirles las gracias siempre, ni por no regañarles, ni por hacerlo todo por ellos, ni por dejarles ver todo lo que echan por la tele, ni por consentirles todo. Puede que el mayor problema que han visto muchos en este decálogo sea su tono de sarcasmo, tal vez la intuición de un odio o un rencor que resuena entre generaciones. Por mi parte, una cosa hay que no convierte a este texto en una pequeña guía para criar a los hijos: en ninguna parte se menciona que los niños además de disciplina necesitan cariño; y que además de valores necesitan felicidad; polémicas aparte, estos conceptos no se contrarian entre sí.