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sábado, abril 14, 2012

Viento de poniente

Cuando los ángeles dejen de llamar con luces vacías,
Y haya un descanso en cada cuerpo abandonado,
vendrá a nuestros ojos la noche desnuda
para dejar flores sobre el felpudo de goma,
para secar ríos de palabras gritadas,
para traer sólo cosechas de fantasmas;
será entonces la hora de los sabores y la espuma,
del sueño repetidamente distinto cada vez,
y cada vez conocido y nuevo.
Habrá en cada árbol un manto dorado y tierno,
telarañas de humo en los caminos de siempre
y una gota de sonrisa en los pájaros que lloran.
Hasta entonces, tendremos que mirar olas amargas
que caerán sin remedio en la arena blanca;
hasta entonces, seguiré aquí mañana,
viento de poniente,
para darle la enhorabuena al sol
por otro día preñado de batallas.

martes, febrero 21, 2012

JuBentuZ, diBino tesoro

Me siento hoy tan apático
que voy a hacerme el poético
hilando versos patéticos
con recursos informáticos.

Ganaré el favor del crítico
con mi furia demagógica,
y desafiando toda lógica
me convertiré en un Dios lírico.

O con rimas escatológicas
en el caso de ser fémina,
seré siempre antiestética
y me haré un poco la lésbica.

¡Qué consumo de mutágenos,
qué canciones con colágeno,
qué subida en los estrógenos,
tantos alucinógenos
que te privan del oxígeno
y de todo buen propósito!

¡Qué estratégico, que plástico!
¡Qué poeta matemático!
¡Qué malote y qué simpático!
¡Pero que no cunda el pánico!

Son los caprichos melódicos
de un joven "problemático"
que grita como afónico
con un ego mayestático.

viernes, enero 21, 2011

DORMIR SIN SOÑAR

¿De qué sirven las estrellas
cuando sólo miramos al suelo?
¿Por qué no se acaba este asedio
de espinas, llantos y grietas,
de este hambre sin aliento?

¿Dónde están las sirenas que cantaban
a la lluvia? ¿Quién lo sabe?
¿Cómo no vimos esta emboscada,
el destino enrejado, el vinagre
y la sal en los ojos del mañana?

¿Para qué las hormigas y el metal?
¿Para qué hacer los barcos a la mar
si molestan al turista que paga?
Si tenemos que dormir sin soñar,
¿para qué queremos la cama?

Y se marchitan los campos huérfanos de manos,
y no canta el gallo, lo comimos ayer en la sopa,
y la mentira triunfa, qué mal nos educaron,
y vive en una caja el currito, y el ladrón en un banco,
y se muere gritando el futuro, y a nadie le importa.

lunes, noviembre 15, 2010

LA APOTEOSIS DEL TEDIO

¡Qué aburrido es el Sol!
Su mortal monotonía
no para de prometer bostezos.
¡Qué aburrida es la Luna!
Me contagia de gesto nocturno
en la soledad de un callejón sin saliva.
¡Qué aburrida es la calle!
Los coches en celo bramando
mientras se huelen los escapes.
¡Qué aburrida es la gente!
Impasible paisaje paseante
de pesados pasos al pasar.
¡Qué aburrido es el amor!
La rutina de la conquista
y el contrato de quererse.

¡Qué aburrido soy yo,
por estar perdiéndomelo todo!

miércoles, agosto 11, 2010

Sonetillos

Es la rosa de mis vientos,
es la flor de la pasión,
es la voz de la razón,
es sólo una entre cientos,

es princesa de mis cuentos,
es anuncio en mi tablón,
es la fruta en bodegón,
es la diana en mis intentos,

es un año en un segundo,
es el brillo en las estrellas,
es respuesta: un sí rotundo,

es el genio en mi botella,
es la diosa de mi mundo,
¿Soy yo algo para ella?

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Muy brillante luz en lo alto,
dolor y miedo por dentro,
de las miradas el centro
y de fuerzas muy falto;

tullido sin sobresalto
se atropella el pensamiento
y me invade un sufrimiento
de frío azul cobalto.

Luchando como una nave
que en noche de niebla sabe
que ha de buscar el faro;

esperanza, poca cabe:
sólo un canto triste de ave
teñido de desamparo.

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La condena por placer
de un falso amor que la apresa,
abrazo de niebla espesa,
es condena de mujer.

Quieren que cante el somier,
y a ninguno le interesa
que sueñes a ser princesa
como la niña de ayer.

Esperando a que él dé el paso,
ese paso que no llega
ni siquiera con retraso,

una lágrima cae y riega
el mal sabor del fracaso
que deja un beso de pega.

martes, agosto 10, 2010

Cuando yo era pequeño

Cuando yo era pequeño
creía en las esmeraldas,
en el verano eterno
de la luna naranja.

Cuando yo era pequeño
y los gatos volaban,
no existía el desierto
de las flores heladas.

Cuando yo era pequeño
la pena era una palabra
que decían los cuervos
siempre en otra ventana.

Cuando yo era pequeño
había una luz blanca
alumbrándome un sueño
en el fondo del alma.

Y al final pasó el tiempo,
y el reloj echó alas,
y el color del dinero
quiso pintarme la cara.

Y al final pasó el tiempo,
pero no cambió nada,
cuando yo era pequeño
sin saberlo, te amaba.

viernes, agosto 06, 2010

El de detrás en las fotos

Suele haber en los recuerdos,
en las imágenes que atestiguan
las reuniones,
un rostro semioculto y lejano
sobre los grupos de amigos;
el más alto de la pandilla.
Tiene cansancio en la mirada
de ejercitar vista de águila,
la espalda arqueada
por agacharse a escuchar,
para que no tengan que gritar
los que no están a su altura.
Miradlo siempre desde lejos,
pues desde cerca
tendréis que mirar hacia arriba.

A la hora de las fotos
se le ve ir, entre manso y resignado
a su eterno puesto:
el último de la fila,
donde sólo asoma su cara
sobre un bosque de coronillas;
pocas o ninguna vez ha visto su cuerpo
el ojo vídreo de la cámara,
y si a ella preguntais sólo os hablará
de unos ojos cansados,
de una barba distraida,
de una sonrisa en la distancia.

(El lunes seguiremos con más cosillas)

lunes, agosto 02, 2010

Romance del retrovisor

Echo la vista hacia atrás,
y con los dedos contando,
días y noches enteros
que como dardos volaron.
Las turbias noches de juerga,
los monitores neonados,
la insatisfacción constante
que me hacía seguir buscando
la mitad de un yo partido,
sin remedio demediado.

Busqué la dicha en el humo
y fui a parar al tabaco,
pero el humo solo es humo
que el aire lleva volando.
Busqué la dicha en el juego,
exploré mundos lejanos,
pero un juego sólo es eso;
nada real, todo engaño.
Busqué la dicha en licores,
buceé por cada vaso,
pero los vasos se secan
y se pierden por el caño.
Busqué la dicha en el sexo,
por los montes venusianos,
pero pasiones fugaces
permanecen poco rato.

Hoy debo ser menos tonto,
menos ingenuo y más sabio,
creo que menos iluso,
temo admitir que más calvo.
Echo la vista hacia atrás,
y con los dedos contando,
y a la conclusión que llego
en esta noche de amianto,
al contar mi vida en este
romance retrovisado,
es que no fue poca cosa
ni tampoco para tanto.
No me he privado de nada,
y de nada me retracto,
y "de nada" dice el mundo
a este "gracias" que le canto.