sábado, febrero 23, 2008

"De buenas intenciones...

...está empedrado el camino al infierno" dice el refranero popular. Y aunque bien es verdad que no puede confiar uno en los refranes, ya que siempre hay otro refrán que dice lo contrario, podría decirse que son como las leyendas: no todo lo que se dice en ellos es verdad, pero tampoco todo lo que dicen es mentira, "todo según el color del cristal con que se mira" (ya que estamos con tópicos).

Los refranes son una especie de guarda de valores,de dichos populares, de consejos prefabricados. ¿Cómo es posible que, para una situación que surge ahora mismo, llega un refrán creado hace siglos y nos soluciona la papeleta? ¡Oh, maravilla! Pero cuidado, porque todo tiene su sentido y más de uno. Especialmente, cuando hablamos de aconsejar al prójimo, y más en concreto cuando nos aconsejan a nosotros.

Cito a continuación una escena de la novela El señor de los anillos, una de tantas que luego no verían la luz en la gran pantalla. Frodo parte de su casa acompañado de sus amigos y perseguido por los jinetes negros cuando se encuentra con un grupo de elfos liderados por Gildor. Al saber que son amigos de Gandalf, y preocupado respecto a la demora del mago, Frodo consulta a Gildor sobre qué hacer a continuación:

-... Mi plan era abandonar la Comarca en secreto, camino de Rivendel, pero ya me siguen los pasos, aun antes de llegar a los Gamos.

-Creo que tendrías que seguir ese plan -dijo Gildor-. No pienso que el camino sea muy difícil para tu coraje, pero si deseas consejos más claros tendrías que pedírselos a Gandalf. No conozco el motivo de tu huida, y por eso mismo no sé de qué medios se valdrán tus perseguidores para atacarte. Gandalf lo sabrá, sin duda. Supongo que lo verás antes de dejar la Comarca.

- Así lo espero, pero esto es otra cosa que me inquieta. He esperado a Gandalf hace muchos días; tendría que haber llegado a Hobbiton hace dos noches cuando mucho, pero no apareció. Ahora me pregunto qué habrá ocurrido. ¿Crees necesario que lo espere?

Gildor guardó silencio un rato, y al fin dijo: -No me gustan estas noticias. El retraso de Gandalf no presagia nada bueno. Pero está dicho: "no te entrometas en asuntos de magos, pues son astutos y de cólera fácil". Te corresponde a tí decidir: sigue o espéralo.

- Y también se ha dicho -respondió Frodo-: "No pidas consejo a los Elfos, pues te dirán al mismo tiempo que sí y que no".

- ¿De veras? -rió Gildor-. Raras veces los Elfos dan consejos indiscretos, pues un consejo es un regalo muy peligroso, aun del sabio al sabio, ya que todos los rumbos pueden terminar mal. ¿Qué pretendes? No me has dicho todo lo que a ti respecta; entonces, ¿cómo podría elegir mejor que tú? Pero si me pides consejo te lo daré por amistad. Pienso que debieras partir inmediatamente, sin dilación, y si Gandalf no aparece antes de tu partida, permíteme también aconsejarte que no vayas solo. Lleva contigo amigos de confianza y de buena voluntad. Tendrías que agradecérmelo, pues no te doy este consejo de muy buena gana. Los Elfos tienen sus propios trabajos y sus propias penas, y no se entrometen en los asuntos de los hobbits o de cualquier otra criatura terrestre. Nuestros caminos rara vez se cruzan con los de ellos, por casualidad o a propósito; quizá este encuentro no sea del todo casual, pero el propósito no me parece claro y temo decir demasiado.
...


Así son los consejos. Cuando estamos en una encrucijada y no sabemos qué hacer, pedimos consejo; tal vez esperando que la experiencia ajena nos ayude en nuestra decisión; tal vez esperando (algunos lo hacen) que otros tomen la decisión por nosotros. En esta última situación es donde se muestran peligrosos los consejos. El hecho de aconsejar a alguien nos convierte, en parte, en responsables de las futuras acciones del aconsejado. Claro que el aconsejado siempre puede hacer otra cosa de lo que le hayamos dicho, y es que en última instancia es él quien tiene que tomar la decisión, y quien tiene la última palabra.

Al lado de esta gente que no decide (por no equivocarse o por echar la culpa a otro de sus errores, ¿quién sabe?) hay otros sujetos peligrosos: los que regalan los consejos; los (abusando otra vez del refranero popular) "consejos vendo que para mí no tengo". Todos nos hemos encontrado con alguien, algún amigo al que contamos algún problemilla de nuestra cotidianidad y nos regala los oídos con algún consejo que no hemos pedido, como si esta persona estuviera en una posición más elevada que le permite ver cosas que nosotros no vemos o como si realmente deseasemos que alguien que no está viviendo nuestra realidad venga en nuestro auxilio con una solución facilona porque no es él quien tiene que "mojarse".

Por ello, mi consejo (¡y cuidado con él!) es pedir consejo a alguien que sepamos que realmente nos puede ayudar, y desoír los consejos de quienes nos los regalan tan generosamente que nos dicen cualquier cosa como si necesitasemos, valga la redundancia, que nos dijeran cualquier cosa. Y es que, como decía hace un momento, "de buenas intenciones..."

domingo, febrero 10, 2008

¡Si Lázaro levantara la cabeza...!

Y el caso es que hay quien dice que sí que lo hizo, que en cuanto Jesucristo le dijo: "levántate y anda", él se levantó y anduvo. Pero no me estoy refiriendo al Lázaro del evangelio de San Juan, sino a otro más cercano, más nuestro y hasta más inspirador y definitorio de nuestra cultura que el mismísimo Cid Campeador; pues si éste venció batallas después de muerto, el Lázaro a quien yo me refiero ha dejado una huella profunda en España sin haber llegado siquiera a nacer. Me refiero a Lázaro de Tormes, el protagonista de El lazarillo de Tormes.

El lazarillo de Tormes comienza en nuestro país la siguiente y larga tradición de la novela picaresca, allá por el Siglo de Oro (dicen que el siglo XX ha sido en España el Siglo de Plata de la literatura). Al humilde Lázaro le sucedieron El Guzmán de Alfarache, Pícara Justina y El buscón entre muchos otros. Pero vayamos al asunto.

Mencionaba más arriba que el personaje de Lázaro, el pícaro, es quien mejor define nuestra cultura; más que el paisaje es el "paisanaje" de España. Situémonos en la situación de entonces: España había extendido un imperio enorme, y era la primera potencia mundial. Sin embargo, en las callejuelas de las principales ciudades se veía una estampa no muy distinta a los suburbios estadounidenses de hoy: miseria, hambre, suciedad, pobreza... un ambiente donde sólo los más fuertes salen adelante. Los más fuertes... o los más listos. Un niño en ese entorno debía desarrollar un ingenio superior al de los adultos y recurrir a él (a falta de fuerza) para procurarse el sustento.

Lázaro se vio forzado a rapiñar para subsistir, una lógica estrategia de supervivencia que se prolongó durante varias generaciones que padecían los mismos males. Un día, la situación cambió: la ciencia aumentó la esperanza de vida, el imperio español declinó y cayó, y el ciudadano medio prosperó. Pero a pesar de los cambios, el instinto de pícaro ya había arraigado profundamente en la conciencia del español; hasta el punto en que, en mayor o menor medida todos llevaban algo de pícaro dentro de sí. Y en un entorno donde todos son pícaros, son los mayores de entre ellos los que más prosperan. Y ahí tenemos a nuestra clase política: oportunistas, desvergonzados, ingeniosos, individualistas... buenos para sí mismos, y malos para los demás.

En mi opinión (ya lo he dicho alguna otra vez) no es eso lo que necesitamos. Ingenio lo ha habido siempre en España: la chispa, la capacidad de improvisar, la agilidad y reflejos mentales. Que los políticos gasten desvergüenza y oportunismo es algo que sólo les beneficia a ellos. Lo que falta es profundidad, esfuerzo y estudio, y darse cuenta de que se avanza más con trabajo que con ingenio. El ingenio basta para sobrevivir, pero la supervivencia es un pobre objetivo en un país como el nuestro donde, por fortuna, la supervivencia está más o menos asegurada en la mayor parte de los casos; pienso que ahora nos toca progresar, y para eso hace falta esfuerzo.

Por eso digo que si Lázaro hubiera existido y a día de hoy levantara la cabeza, tal vez al ver el entorno actual de picaresca innecesaria (puesto que fue necesaria una vez, cuando había que escoger entre el hurto o el hambre), de insidias y maneras subrepticias de ganar dinero, tal vez entonces se frotase las manos sonriendo para sí y pensando: "¡Ésta es la mía!"

viernes, febrero 01, 2008

Discriminaciones indiscriminadas

Discriminación positiva. Con este oxímoron se alude a un favoritismo basado en el sexo.

Empecemos diciendo que sí, que desde algún punto de vista toda discriminación es positiva: no contratar a modelos de la talla 40 favorece a las modelos de talla 34; impedir que las parejas homosexuales adopten niños impide que los niños adoptados se hagan también homosexuales (mucho mejor es dejar que se mueran de hambre, donde va a parar); la banda de cabezas rapadas que matan a golpes a los inmigrantes favorecen al parado español, quitándole de enmedio a la competencia...

¿Exagero? Tal vez, pero es esta una estupidez que me pone de mal humor. Esto, en teoría, permite que las mujeres tengan una leve preferencia respecto a los hombres, como una especie de compensación a la discriminación que en el pasado las mujeres han venido recibiendo por parte de los hombres. Es decir, que las mujeres de hoy tendrían una leve preferencia sobre los hombres de hoy en compensación a la discriminación que las mujeres de épocas pasadas han recibido por parte de los hombre de épocas pasadas. Lamentable.

De esta animalada hay varios ejemplos, uno de los más cercanos se encuentra en la facultad de humanidades de la Universidad de Oviedo, particularmente en el departamento de filología anglogermánica y francesa. Un ejemplo: en la asignatura llave de primer curso de filología inglesa llamada "comentario de textos literarios ingleses del siglo XX" se estudian un total de 10 escritores, 8 de ellos mujeres. Me remonto a la época en que yo estudiaba esta carrera, y al momento en que la por entonces profesora Carolina Fernández explicaba este desequilibrio como "una compensación, por ejemplo en las colecciones de las 100 mejores novelas de la historia solo hay dos escritas por mujeres". Creo que no soy demasiado exigente cuando digo que una asignatura llamada "comentario de textos literarios ingleses del siglo XX" debería contener los textos más representativos de aquella época y de aquel país (especialmente tratándose de una asignatura llave, es decir, una asignatura que es obligatorio aprobar para poder acceder a otras asignaturas de cursos superiores, concretamente a las literaturas). El hecho es que no había suficientes escritoras inglesas del siglo XX para el temario, así que para rellenar se metió a Kate Chopin, una autora del siglo XIX; y a Katherine Mansfield, ésta sí perteneciente al siglo XX pero no de nacionalidad inglesa sino neozelandesa. Así, tenemos alumnos hombres, profesores hombres y escritores hombres positivamente discriminados.

Como argumento esgrimido a favor de la discriminación positiva tenemos a quienes hablan de ella como "un medio de compensación, para dar a la mujer aquellos privilegios de los que el hombre se adueñó en exclusiva". Yo, sin embargo, no lo veo claro: para mí, la compensación bien entendida consiste en subsanar la conducta errónea del pasado con una conducta correcta en el presente y de cara a l futuro, no con la misma conducta errónea a la inversa. Habrá quien, en un alarde de intoxicación lírica y romántica diga que si no se da la vuelta a la tortilla se quemará, pero tampoco creo que las relaciones humanas funcionen así.

Y no lo creo por una razón muy simple: porque, para mí, no hay más diferencias entre hombres y mujeres que las físicas. Es lo que creo, y es lo que veo; que somos igual de miserables, de cobardes, de humanos en definitiva. Puede que haya alguna diferencia en el estilo de ser mezquinos, pero poco más. En suma somos iguales mujeres y hombres, y las discriminaciones me dan asco. La igualdad en los derechos y deberes, en las oportunidades y en las restricciones no ha de ser discriminatoria, y sí positiva para todos.

lunes, enero 07, 2008

El árbol de las letras

Hay para todo dos puntos de referencia, dos extremos casi siempre irreconciliables, y adentrarse en uno significa alejarse irremediablemente del otro: Norte y Sur, derecha e izquierda, blanco y negro, ciencias y letras. Hoy quisiera hablar de esto último.

Aunque hay profesores que dicen que ya no hay tanta diferencia entre ciencias y letras, que incluso es absurdo hablar de ciencias y letras, lo cierto es que nuestra sociedad no se debe de haber enterado. Se sigue discriminando de unas y otras con todo lo que ello conlleva, aplicando este Norte/Sur del conocimiento. Aún recuerdo cuando me metí en el bachiller de Humanidades, cuando un compañero me contó la anécdota que tuvo con sus padres: le preguntaron "¿qué es eso de Humanidades?". Son letras, respondió él, a lo que ellos replicaron "No tienes ganas de estudiar, ¿eh?".

Tal vez sea solo fruto de una visión sesgada, de unos ojos que solo han querido ver cómo se considera que el conomiento debe ser fuente de provecho bajo la consigna: "ser de ciencias es útil, ser de letras es fútil". Tal vez sea victimismo, o tal vez sea hora de romper una lanza.

Para empezar, ¿qué cuernos son "las letras"? Resultan ser una especie de cajón de sastre donde caen todas las disciplinas no científicas, cosas tan diferentes entre sí como la filosofía, el arte, las lenguas, la literatura, la historia... materias que sólo tienen en común el no ser ciencias... ¿o tal vez no?

Savater comparaba la ciencia y la filosofía de un modo bastante interesante: sostenía que la ciencia avanza, digamos, construyendo un sendero de baldosas. Cada una de estas baldosas son nuevos datos, datos que se estudian, se investigan, se asimilan y se archivan, y a partir de estas "baldosas" ya clasificadas, asimiladas y conocidas se pueden colocar otras nuevas baldosas para seguir investigando para a su vez ir colocando otras, y así indefinídamente. La filosofía, en cambio, se plantearía qué es una baldosa. La ciencia, por tanto, construye; la filosofía, desmenuza. Para un científico, dos mas dos son forzosamente cuatro; para un filósofo, cabe preguntarse quién son esos dos que juntandose con otros misteriosos dos conforman los supuestos cuatro. De ahí que las mayores mentes de la historia hayan sido personajes capaces de abarcar ambos extremos, capaces de construír una teoría sólida partiendo de una simple e incluso a veces pueril pregunta formulada a uno mismo.

Puede que hasta aquí nadie haya caído, o puede que sí, pero voy a señalar la auténtica razón de esta cita: ¿no es curioso que, habiendo más disciplinas de estudio, Savater haya escogido precisamente la ciencia? El hecho no es casual; hay en el fondo del ser algo que une y hermana a todos aquellos "de letras", y es precisamente el saberse que están fuera de la ciencia, que su estudio y su conocimiento no es ciencia. ¿Y qué pasa con esto? Que esto supone estar fuera de aquello que la sociedad acepta como útil, supone no ser el investigador que descubre la penicilina, el inventor que trae al mundo la máquina de vapor, el científico que construye cohetes que llegan a otros planetas... La sociedad siempre estará detrás, mirando por encima del hombro y señalando con el dedo acusador y rencoroso, diciendo: "No eres útil, no eres práctico, te llamas inteligente sólo para creerte mejor que el resto, pero en realidad no aportas nada a los demás".

Eso es lo que tienen en común los "de letras": estudiar, trabajar, hacer logros en sus respectivos campos, para que esos logros no sean nunca comparables a los que haría alguien "de ciencias". Un hombre de ciencia puede trabajar toda su vida sin lograr descubrir nada nuevo, y sin embargo es muy posible (o al menos, es fácil imaginar) que goce de mayor aceptacion por parte de la sociedad que, por ejemplo, un literato que inventa un nuevo género, o un filósofo que encuentra una nueva forma de pensar.

Nada de esto tendría importancia... si no fuera cierto que el ser humano necesita la aprobación de sus semejantes. Es sorprendente a lo que han llegado algunos por conseguirla. Si quien lee estas líneas se para un momento a pensarlo, en seguida le vendrán a la cabeza algunos ejemplos que él mismo conoce. Es posible que incluso se sonroje ante la certeza de haber hecho él mismo algo (que no tiene porqué ser algo bajo o ruín, sino simplemente impropio de él) por el beneplácito de la sociedad, por la aprobación de los más cercanos, o llamémoslo simplemente el "qué dirán".

También hay que señalar, y acusar, al sistema de enseñanza (everybody says: ooooooh!!). Existe un método científico, curiosamente desarrollado por filósofos, que aunque se enseña de pasada, es el ABC de la ciencia. En cambio no hay un método letrístico. ¿Qué se enseña en las disciplinas de letras? Poco, muy poco. Esencialmente datos, una letanía de "el impresionismo consiste... en tal año... dice el mito de la caverna...". En ningún momento se enseña a pensar, a discurrir, a desmenuzar baldosas, a plantearse cada cosa que suponemos ya sabida.

He acusado al sistema de enseñanza, pero lo hago sin acritud. Supongo en ello más mala fortuna y mala preparación que mala voluntad. No creo que los profesores nieguen deliberadamente a sus alumnos la capacidad de pensar "en letras". El problema está precisamente en la dificultad de su trabajo, en la desidia por la cultura de los jóvenes, en la presión social que también ellos soportan, en ese algo en el fondo de su ser que los hermana, a través de la historia, con los hombres sabios que nunca han estudiado el modo de dividir el átomo o de viajar a las estrellas.

sábado, diciembre 22, 2007

Sobre el sufrido servicio técnico

Sobre el sufrido servicio técnico:

Conversación entre dos empleados de una compañía: un usuario y un
empleado del departamento de Sistemas (Soporte Técnico).
Soporte Técnico: "Soporte Técnico, Buenos Días".
Usuario: "¿A dónde hablo?"
Soporte Técnico: ( Pues ¿a dónde le acabo de decir??) "A Soporte
Técnico, ¿en qué puedo servirle?"
Usuario: "Ah, mire, tengo un problema"
Soporte Técnico: (... Sí, de hecho no creo que llame para
saludarme...) "¿En qué lo puedo ayudar?"
Usuario: "¡No puedo entrar a la Red!"
Soporte Técnico: (¡Qué raro...!) "¿Cuál es el error que recibe?"
Usuario: "Pues mira, aparece un mensaje que dice
'U-S-E-R-N-A-M-E-N-O-T-F-O-U-N-D', y no sé por qué..."
Soporte Técnico: "Bien. ¿Cuál es su 'Username'?"
Usuario: "¿Qué es un YUSERNEIM?"
Soporte Técnico: (Carajo, se supone que saben inglés) "El nombre de
usuario que usa para conectarse a la red"
Usuario: "Ah, pues no sé..."
Soporte Técnico: (... ¡No es cierto..!) "Mire, cada vez que enciende
la computadora aparece una ventanita donde hay tres renglones, el
Primero dice 'Username', el segundo 'Password' y el tercero
Domain'... ¿Qué dice el primer renglón?"
Usuario: "No dice nada... bueno, sí decía, pero lo borré"
Soporte Técnico: (Como decía mi abuelito, en manos de los tontos, ni
la pólvora arde) "Bien, ¿cuál es su nombre?"
Usuario: "¿Por qué...?"
Soporte Técnico: (¡¡¡Porque quiero conocerlo mejor,...!!!) "Porque
si me dice su nombre puedo buscar en la base de datos su
'Username'..."
Usuario: "¿En serio...?"
Soporte Técnico: (Enciendo el primer cigarro del día, porque parece
que voy a tener una muy larga charla con este usuario) "Sí, se lo
juro"
Usuario: "Okey, me llamo Dionisio Pérez"
Soporte Técnico: (¡¡con razón no sabe ni qué es un Username...!!)
"OK, un momento por favor"
Usuario: "¿Qué hace?"
Soporte Técnico: (Como si realmente me fuera a entender si le digo
lo que estoy haciendo) "Buscando su nombre en la base de datos"
Usuario: "Ah... ¿Cómo...?"
Soporte Técnico: (¿¿Cómo?? ¿¿Cómo??, pero ahí vamos...) "Pues mire,
estoy haciendo un Query en la base de datos"
Usuario: "¿Qué es un cueri?"
Soporte Técnico: (Esa ni siquiera se la voy a contestar...)"..."
Usuario: "Bueno, ¿está ahí?"
Soporte Técnico: (Tomo otra bocanada de mi cigarro y cuento hasta
3,415. Ya estoy mejor) "Si, permítame un momento, por favor"
Usuario: "Está bien. Lo que pasa es que estoy preocupado porque hace
más de tres meses que no he leído mi "i meil"
Soporte Técnico: (¿Y después de 3 meses se preocupa...? Santo Dios,
éste sí tiene graves problemas) "No se preocupe, en un momento lo
resolvemos"
Usuario: "Oká"
Soporte Técnico: (¿¿Oká?? ¿¿Dijo Oká?? ¿¿Cómo es posible que
permitan que una persona que dice 'Oká' trabaje aquí..??) "Ya está,
su Username es 'PEREZD' (debí imaginármelo antes)"
Usuario: "Oká, ¿qué hago con eso?"
Soporte Técnico: (Tatúeselo en la frente al revés, para que la
próxima vez que me llame con un problema como éste, sólo tenga que
ir por un espejo) "¿Recuerda lo que le mencioné de la ventanita que
aparece cuando arranca la computadora...?"
Usuario: "No"
Soporte Técnico: (Obvio) "Pues mire, cuando arranca la
computadora..."
Usuario: "Ah, sí!, Ya recuerdo..."
Soporte Técnico: (¿¿¡¡Milagro!!??) "Bien, pues escríbalo en el
primer renglón con mayúsculas y en el renglón de abajo escriba su
password"
Usuario: "¿Cuál pasguor...?"
Soporte Técnico: (¡¡Qué rápido se terminan los cigarros cuando hablo
con mis usuarios!!) "!PASSWORD!, es la clave que usa para conectarse
a la red"
Usuario: "Ah, bueno, pues mi nombre es Dionisio Pérez"
Soporte Técnico: (Pues no voy a felicitarlo por eso...) "¿Aj...?"
Usuario: "¡¡¡Oká...!!!"
Soporte Técnico: (¿¿Oká que..??)"..."
Usuario: "¿¿Aló?? ¿Está ahí...?"
Soporte Técnico: "Sí, aquí estoy"
Usuario: "¿Cuál es mi pasguor?"
Soporte Técnico: (¿¿Y cómo carajo se supone que yo debo
saberlo...??) "Pues no lo sé, esa clave sólo la debe saber usted"
Usuario: "¿Ah, sí...?"
Soporte Técnico: (¡¡Nooo...!!!, pero ¿¿qué chorradas estoy
diciendo..?? ¿¿Por qué no va al periódico y lo publica a ocho
columnas...??) "Sí"
Usuario: "Déjeme ver... ¿No será 'Dionisio'?"
Soporte Técnico: (...)"..."
Usuario: "Déjeme intentar..."
Soporte Técnico: (...)"..."
Usuario: "¡¡Sí, ése es!! De hecho aquí lo tengo apuntado en un
papelito. Y aquí dice también yusernaim', 'pasguor' y 'domein'.
Bueno, pues, qué bueno que tenía aquí este papelito. Hasta luego!"
Soporte Técnico: (.......................) "Hasta luego, que tenga
buen día"
Usuario: "Gracias, igualmente"
Soporte Técnico: (................................................
en fin) "...".

martes, diciembre 18, 2007

Reflexiones de un joven español

Ayer, 17 de Diciembre de 2007, vi al ex-presidente del gobierno, Jose María Aznar, en el centro comercial Salesas en Oviedo, firmando su libro "Cartas a un joven español".
Y ya está. No me voy a meter en valoraciones de si el libro es bueno o malo, técnica o moralmente porque sencillamente no lo he leído (no pienso comprarlo, por lo mismo que en su día no compré "El código Da Vinci"). Por tanto, no sé si tratará de un paciente maestro conduciendo a un entusiasta pero, tal vez, ligeramente equivocado joven (español) sobre lo humano, lo divino y lo diabólico, una especie de "Ética para Amador" con Aznar en lugar de Savater; o si tal vez será un pequeño manifiesto de la ideología de su partido camuflado de novela epistolar; o si habla de la correspondencia que recibimos cuando cumplimos los 18 años por parte de varios partidos políticos y que nos llaman a las urnas, y podríamos seguir con hipotesis hasta el infinito, pero el tiempo me apremia.
Escribo estas líneas porque creo que el título "Cartas a un joven español" me exhorta de alguna manera. Soy español de nacimiento, y a mis 25 años pienso que aún soy joven. Por tanto, creo que tendría algo que decir al respecto, pero debo prevenir que no voy a meterme en el farragoso y empantanado terreno de la política, lleno como está de falsedad e hipocresía.
Lo que quisiera decir es algo muy sencillo: que tal vez a los jóvenes españoles nos estén sobrando los maestros pacientes que pretenden conducirnos a su redil, tan falso el redil de nuestra derecha como el de nuestra izquierda; que tal vez nos gustaría vivir en un mundo tranquilo, lejos de pesados líderes carismáticos. Estoy seguro de que muchos cambiarían hoy en sus líderes el carisma por la eficiencia, y la justicia. Y, sobre todo, la normalidad. Llamo normalidad a poder compartir la vida con la persona amada, sea del sexo que sea; llamo normalidad a que no haya en las calles violencia ni terrorismo; llamo normalidad a que nadie se crea mejor que nadie, ni con derecho a mirar a nadie por encima del hombro; llamo normalidad a que podamos convivir unos con otros, con nuestras virtudes y nuestros defectos, sin tener que ponernos debajo de una bandera de tal o cual color, cuantos más mejor, sólo para tener razón.
Y ya está.

domingo, marzo 25, 2007

Opinión y Dédalo

La opinión. La opinión es el fruto de nuestra capacidad, de nuestras creencias (tanto las que nos han sido impuestas como las que no), y hasta de nuestro atrevimiento, porque es ese pequeño ladrillo fabricado con nuestras pequeñas manos y que tratamos de encajar en el Gran Muro del Saber. Es por ello que si nuestra opinión no es tenida en cuenta nos sentimos rechazados, porque en la opinión no emitimos solo un juicio: emitimos la capacidad de reflexión que nos ha llevado hasta ella, así como las creencias y valores que han encendido la chispa de nuestra mente al respecto, y también la personalidad, porque la opinión es un acto íntimo de unión entre la realidad del mundo y el interior de la persona. Emitir una opinión es tanto como emitirnos a nosotros mismos, y por ello desdeñar una opinión es tanto como rechazar a la persona que la ha gestado.
La opinión es una parte de nosotros, algo que ha nacido en nosotros y que lanzamos al mundo con la esperanza de encontrar gente con opinión similar, no porque queramos enriquecernos, sino por la necesidad de sentirnos aceptados, por la sed de ser aprobados por los que consideramos "los nuestros".
Cuántas tonterías se pueden llegar a hacer por esa obligación autoimpuesta de formar parte de un grupo de personas, y hablas y haces para que sepan de ti, para que sepan quien eres, que es lo mismo que saber qué se puede esperar de ti, porque una vez que hablamos o hacemos algo estamos perdidos: entonces somos esclavos de lo que hemos dicho o hecho, y no podemos escapar de la cárcel de nuestros propios actos, porque si te atreves a hacerlo (como puede hacerse cambiando de opinión) entonces aquellos a quienes consideras "los tuyos" empezarán a mirarte con recelo porque algo ha cambiado en tí, y ya no eres "de los suyos" y te rechazarán, porque aquello que te convertía en algo de su propiedad ha muerto.
Sí, de su propiedad, porque en la grandeza del mundo cada persona trata de apoderarse de lo que le rodea para disimular su propia pequeñez. El problema llega cuando no se distinguen las cosas de las personas: las cosas se poseen, las personas no. Sin embargo, ello no impide que un ego hinchado trate de dejar su huella en otras conciencias, y amoldar las opiniones ajenas a la suya propia.
Yo no quisiera aquí adoctrinar sobre la opinión, sino dibujarla desnuda (o al menos, lo más desnuda posible) para poder permitirnos una reflexión sobre ella, y por tanto sobre nosotros mismos. No obstante, ese dibujo estaría incompleto si pasaramos por alto el hecho de su terrible trascendencia. En un sistema donde se supone que la opinión de los ciudadanos cuenta, ésta debería estar bien fundada, debería ser más sólida, que aún pudiendo ser rebatida se pueda apreciar en ella algo de cierto. Cómo comentaba más arriba, la opinión es un acto íntimo del individuo, y por ello no se deberían tomar las opiniones ajenas como propias, porque si las personas tenemos capacidad de raciocinio, ¿porqué nos limitamos a supeditar nuestra opinión, y por lo tanto nuestra voz y nuestra persona a las opiniones de aquellos que sólo quieren nuestra atención y nuestro voto para disputarse el poder? ¿Es que habiendo millones de seres humanos en el mundo sólo puede haber izquierda y derecha? ¿Por qué no puede haber delante o detrás, arriba o abajo, subir a un árbol o cavar un agujero?
La opinión propia es algo tan importante que es capaz de hacernos libres; libres para elegir lo que queremos y saber que nuestra elección es correcta. Es una libertad limitada, porque no nos saca de la prisión de las grandes empresas, de los medios de comunicación y de los intereses políticos y económicos, pero nos permite conocer detalladamente los límites de ésta y poder así movernos por nuestra cuenta a través de ella: y tal vez eso sea lo más cerca que podemos estar de ser realmente libres.