Pues esta noche en lugar de dormir me han salido dos poemas, con lo cual la doy por bien aprovechada, supongo; no todos los... meses escribo un poema, no digamos uno decente, y no digamos dos.
BAJO LA SOMBRA DE LOS AVELLANOS.
Un día, que tal vez nunca ocurrió,
a enamorarse jugaban dos guajes;
miradas, guiños, cariño, mensajes,
pólvora humana la luna prendió.
Bendita inocencia (o puede que no),
se dijeron "sí" sin boda y sin trajes;
Sudados, mudos, desnudos, salvajes,
dos cuerpos en uno el sol descubrió.
¡Maldito "adiós" que malparió el infierno,
el olor de ambos aún en las manos!
Mas el maleficio no sería eterno:
Siguieron viéndose ciento veranos;
fuego secreto que aguanta el invierno
bajo la sombra de los avellanos.
(y el otro poema... ah, qué sabe nadie...)
miércoles, mayo 06, 2009
martes, enero 20, 2009
¿Por qué "Handslayer"?
Así se iba a llamar una serie de novelas que tengo proyectadas, de las cuales ya he terminado una y estoy escribiendo otra.
Al final le he cambiado el nombre a la serie por Los Hijos de la Guerra, ya que me dijeron que el nombre que en principio tenía pensado ya estaba cogido.
Los Hijos de la Guerra narra una historia ocurrida en un mundo de fantasía, con un universo al estilo de El Señor de los Anillos, si bien es mucho menos idílico y mucho más terrenal, tan terrenal que en ocasiones nos recordará más a la vida real que a la fantasía. O al menos, eso intento.
Comencé a escribir la primera de las novelas allá por 2001, (y debo decir que fue mucho antes de que yo leyera, y por supuesto viera en el cine El Señor de los Anillos o cualquier otra historia de fantasía "moderna" como Eragon o Las Crónicas de Narnia) pero acabé dejándolo, dejándolo... hasta cuatro años después. Fuera porque se me ocurrió un nuevo enfoque, o porque la vida se ve de distinta manera con 23 años a como se ve con 19, me vino una idea a la cabeza. Nunca se me había olvidado la obra que estaba escribiendo, pero el caso es que un día se me ocurrió cómo podría continuar, y aquella idea me cogió con tal fuerza que me puse manos a la obra. Tuve mucho trabajo "intelectual", la idea me exigía una completa remodelación de la novela de arriba a abajo. Después de todo, orquestar un universo, aunque sea de ficción, no es tarea sencilla.
Luego vino el escribir, y escribiendo escribiendo fui cambiando poco a poco la idea original de 2001 (la primera parte), de manera que una vez terminada esta continuación que habrá de ser la segunda parte, que concluí a finales de 2007, tengo que reescribir por completo la primera parte. Y en ello estoy en el tiempo que me permiten los estudios y otras obligaciones. Hay días e incluso semanas en que no puedo escribir nada, como muestran las espaciadas actualizaciones que hago en este blog, pero nunca abandono el proyecto: llegará el momento en que tenga más tiempo para dedicarme a ello. Y lo necesitaré, pues ya tengo en mente unas 20 novelas de Los Hijos de la Guerra.
Puede que esté algo loco por ello, quién sabe. Locura o no, este es mi pequeño/gran proyecto en la vida, y aunque nunca se publique debido a la saturación actual de literatura y cine fantástico, no estaría satisfecho con todas estas historias dentro de mí. No sería... sano.
Al final le he cambiado el nombre a la serie por Los Hijos de la Guerra, ya que me dijeron que el nombre que en principio tenía pensado ya estaba cogido.
Los Hijos de la Guerra narra una historia ocurrida en un mundo de fantasía, con un universo al estilo de El Señor de los Anillos, si bien es mucho menos idílico y mucho más terrenal, tan terrenal que en ocasiones nos recordará más a la vida real que a la fantasía. O al menos, eso intento.
Comencé a escribir la primera de las novelas allá por 2001, (y debo decir que fue mucho antes de que yo leyera, y por supuesto viera en el cine El Señor de los Anillos o cualquier otra historia de fantasía "moderna" como Eragon o Las Crónicas de Narnia) pero acabé dejándolo, dejándolo... hasta cuatro años después. Fuera porque se me ocurrió un nuevo enfoque, o porque la vida se ve de distinta manera con 23 años a como se ve con 19, me vino una idea a la cabeza. Nunca se me había olvidado la obra que estaba escribiendo, pero el caso es que un día se me ocurrió cómo podría continuar, y aquella idea me cogió con tal fuerza que me puse manos a la obra. Tuve mucho trabajo "intelectual", la idea me exigía una completa remodelación de la novela de arriba a abajo. Después de todo, orquestar un universo, aunque sea de ficción, no es tarea sencilla.
Luego vino el escribir, y escribiendo escribiendo fui cambiando poco a poco la idea original de 2001 (la primera parte), de manera que una vez terminada esta continuación que habrá de ser la segunda parte, que concluí a finales de 2007, tengo que reescribir por completo la primera parte. Y en ello estoy en el tiempo que me permiten los estudios y otras obligaciones. Hay días e incluso semanas en que no puedo escribir nada, como muestran las espaciadas actualizaciones que hago en este blog, pero nunca abandono el proyecto: llegará el momento en que tenga más tiempo para dedicarme a ello. Y lo necesitaré, pues ya tengo en mente unas 20 novelas de Los Hijos de la Guerra.
Puede que esté algo loco por ello, quién sabe. Locura o no, este es mi pequeño/gran proyecto en la vida, y aunque nunca se publique debido a la saturación actual de literatura y cine fantástico, no estaría satisfecho con todas estas historias dentro de mí. No sería... sano.
jueves, enero 08, 2009
AÑO NUEVO, VIAJE VIEJO
(Escrito durante el trayecto en autobús Oviedo-Cangas del Narcea que salió el 1 de enero de 2009 a las 17:00 y llegó a las 19:20)
Abandono Oviedo
el último día
del primero de enero.
La Pixarra, rotonda y autovía,
abro los ojos y los cierro
y no estamos en Grado todavía.
El sol asoma
a espiarme bajo los carteles
por encima de las lomas,
y en los ojos duele
como el rechinar de goma
donde la autovía muere.
Primer Grado, segundo Grado y adelante,
curva de corona y cuesta arriba desbocada.
Cabruñana en la cima, Cornellana en el valle,
y el tedio de las obras ante Salas
que son la historia interminable
del café del hombre de corbata.
El autobús trastabilla y zozobra
girando con los molinos de las cimas.
Llevamos de viaje una hora
y ya se me clava la Espina
inaccesible, helada y sola
que anuda la garganta de la prisa.
Con el ocre, el púrpura y el gris
de las nubes sempiternas del invierno,
las cumbres nevadas de añil
los pardos árboles esqueléticos,
y delante siempre la ruta sin fin
del color mineral del quitamiedos.
Y los desvíos extraños, y el Crucero sin barco,
y a Tíneo en tiempos mejores,
y a rodar barranco abajo
bajo luces argentadas de faroles.
Rodical y más lejos bajamos,
más allá de la Florida sin flores.
Y los dos túneles gemelos siameses,
la marisma envasada en Pilotuerto;
el camino se allana o así parece.
Entre montes descarnados y yertos
la Luna aparca y anochece:
un último túnel, y llegada al Concejo.
Luego, pueblos y más pueblos:
Villar de, y efímero Lantero,
Javita la curva de las luces,
Portiella la que baja y sube,
Antrago de un trago, Tebongo entero
y Villar de Tebongo contra el fuego,
y más allá del puente del Infierno,
de la curva de San Pedro la homicida,
de Corias monacal y prometida,
dejando atrás el puente de Obanca,
final de trayecto y recuerdos de la infancia.
Abandono Oviedo
el último día
del primero de enero.
La Pixarra, rotonda y autovía,
abro los ojos y los cierro
y no estamos en Grado todavía.
El sol asoma
a espiarme bajo los carteles
por encima de las lomas,
y en los ojos duele
como el rechinar de goma
donde la autovía muere.
Primer Grado, segundo Grado y adelante,
curva de corona y cuesta arriba desbocada.
Cabruñana en la cima, Cornellana en el valle,
y el tedio de las obras ante Salas
que son la historia interminable
del café del hombre de corbata.
El autobús trastabilla y zozobra
girando con los molinos de las cimas.
Llevamos de viaje una hora
y ya se me clava la Espina
inaccesible, helada y sola
que anuda la garganta de la prisa.
Con el ocre, el púrpura y el gris
de las nubes sempiternas del invierno,
las cumbres nevadas de añil
los pardos árboles esqueléticos,
y delante siempre la ruta sin fin
del color mineral del quitamiedos.
Y los desvíos extraños, y el Crucero sin barco,
y a Tíneo en tiempos mejores,
y a rodar barranco abajo
bajo luces argentadas de faroles.
Rodical y más lejos bajamos,
más allá de la Florida sin flores.
Y los dos túneles gemelos siameses,
la marisma envasada en Pilotuerto;
el camino se allana o así parece.
Entre montes descarnados y yertos
la Luna aparca y anochece:
un último túnel, y llegada al Concejo.
Luego, pueblos y más pueblos:
Villar de, y efímero Lantero,
Javita la curva de las luces,
Portiella la que baja y sube,
Antrago de un trago, Tebongo entero
y Villar de Tebongo contra el fuego,
y más allá del puente del Infierno,
de la curva de San Pedro la homicida,
de Corias monacal y prometida,
dejando atrás el puente de Obanca,
final de trayecto y recuerdos de la infancia.
jueves, junio 05, 2008
RUTINA
Esta mañana he vuelto a resucitar
como cada día.
He salido de mi mortaja y
me he pasado por agua, pero hoy
tampoco he segado los pastos de mi rostro.
He asesinado a un bollo a mordiscos,
me he disfrazado de persona,
he llamado al ascensor -otro sarcófago-
para bajar a pisar cemento
como mis semejantes,
como cada día.
Apuesto que estoy pisando
las huellas que dejé ayer,
anteayer, el martes, el otro día, el mes
pasado.
Pero la calle no se ablanda
por más que la piso.
Como cada día,
buceo entre papeles -madera muerta-
contemplando peces de tinta
que se persiguen
inútilmente,
sin moverse,
como cada día.
Y he buscado.
He indagado en el mayor misterio
-había que intentarlo-;
algo he aprendido de las paredes:
a callar, y a guardar.
Y he vuelto a mi madriguera
como cada día.
Y cuando las horas últimas
agonizan,
vuelvo a mi tumba,
a esperar a que el sueño me mate
pues mañana ya no seré yo,
lo mismo que ayer fui otro.
Como cada día.
como cada día.
He salido de mi mortaja y
me he pasado por agua, pero hoy
tampoco he segado los pastos de mi rostro.
He asesinado a un bollo a mordiscos,
me he disfrazado de persona,
he llamado al ascensor -otro sarcófago-
para bajar a pisar cemento
como mis semejantes,
como cada día.
Apuesto que estoy pisando
las huellas que dejé ayer,
anteayer, el martes, el otro día, el mes
pasado.
Pero la calle no se ablanda
por más que la piso.
Como cada día,
buceo entre papeles -madera muerta-
contemplando peces de tinta
que se persiguen
inútilmente,
sin moverse,
como cada día.
Y he buscado.
He indagado en el mayor misterio
-había que intentarlo-;
algo he aprendido de las paredes:
a callar, y a guardar.
Y he vuelto a mi madriguera
como cada día.
Y cuando las horas últimas
agonizan,
vuelvo a mi tumba,
a esperar a que el sueño me mate
pues mañana ya no seré yo,
lo mismo que ayer fui otro.
Como cada día.
domingo, junio 01, 2008
Homenaje a Ángel González
Pues resulta que el pasado martes 27 de mayo, a eso de las 11:20 a.m. me llega un sms de un ex-compañero mío de la carrera. El texto era el siguiente: "Ven al milán. Corre. A las doce Sabina y García Martín por fin juntos."
Recuerdo que lo primero que hice en aquel momento fue pegar un salto. Lo segundo, avisar a otros dos amigos míos, fans de Sabina como yo, pero que por desgracia no pudieron asistir. Una auténtica lástima. En fin, conseguí llegar al campus del Milán a tiempo, pese a que vivo en la otra punta de Oviedo (ayudado por el hecho de que la ciudad está construída en forma de cuesta, y al bajar la gravedad siempre echa un cable) y, efectívamente allí estaba: Joaquín Sabina, rodeado de fotógrafos y periodistas, y hablando con otras personas, entre las que acerté a conocer a García Martín.
¿Y quién es este García Martín? Pues es un reputado crítico y antólogo, director de la revista literaria Clarín de Oviedo y profesor de la universidad de dicha ciudad. Cuando yo aún estaba en filología inglesa, cogí un par de asignaturas de libre configuración con él: Lit. española del siglo XX y Lit. española de la Ilustración y siglo XIX. Recuerdo aquellas clases cargadas de anécdotas, podría pasarme una tarde entera contando historias al respecto. El caso es que este profesor, José Luis García Martín, era sobre todo, cómo él mismo dice, "un gran lector". Prueba de ello era que, el primer día de clase, nos pidió que anotasemos en un papel los tres últimos libros que hubieramos leído, luego fue preguntando de uno en uno y resultaba que se los había leído todos, el tío (lo más asombroso fue el caso de un alumno Erasmus rumano, que citaba un libro de un autor rumano que sólo se había traducido al francés, ¡y también lo había leído!)
Pero a lo que iba: esta gente se había juntado para rendir homenaje a Ángel González, poeta ovetense fallecido el pasado 12 de enero. Se puede encontrar parte de su vida y obra en http://amediavoz.com/gonzalez.htm
Yo, como venía contando, no tenía ni idea de a santo de qué se habían reunido todas estas personas, y cuando me enteré de que se trataba de un homenaje a Ángel González creí que tenía derecho a quedarme: el salón de actos estaba lleno hasta la bandera (supongo que debido a la presencia de Joaquín Sabina), de hecho yo tuve que quedarme de pie. Digo que tenía derecho a quedarme porque, aunque Joaquín Sabina fue la excusa para ir, Ángel González fue la razón para quedarme, especialmente porque yo había tenido la decencia de asistir a su homenaje habiendo comprado un libro suyo meses antes de su fallecimiento. Saber que, de entre todos los presentes, yo era algo más que un mero fan de Sabina, o que un mero alumno de la universidad obligado a asistir para hacer un trabajo al respecto, por ejemplo, me dio mucho que pensar.
También se encontraban allí Susana Rivero, viuda de Ángel González, y Luis García Montero, entre otros. Después de los obligados elogios al rector y una especie de "aún no se como llamarlo" a Joaquín Sabina (era una especie de justificación a que estuviera allí, algo así como, y perdónenme la libre interpretación, un decir "anda, venga, vamos a hacer como que también es poeta", con esa suficiencia gallinácea que caracteriza a los catedráticos), comenzó el acto. Los ponentes iban contando cosas sobre Ángel González y leyendo algunos de sus poemas.
Yo conocía algunos, en parte por la asignatura de Lit. española del S. XX que impartía García Martín, y en parte por el libro que compré, que creo que se titula, y perdónenme si me equivoco, La poesía antológica del Eros. De cómo este libro acabó en mis estanterías también tiene su historia: lo encontré en la librería Cervantes, y al ver que era de Ángel González, comencé a hojearlo. Me sorprendió mucho, era una combinación entre expresividad y sencillez muy agradable, en un tono muy asequible para todos los públicos; me refiero a que era una poesía muy "entendible", no a que sea el equivalente literario de El rey León.
Volviendo al homenaje, como colofón de la mañana conseguí el autógrafo de Joaquín Sabina. Lo tengo en el moleskine que Anaïs me regaló hace un mes. Al verlo de cerca, encontré a un Sabina distinto de lo que me esperaba. Recuerdo que pensaba en aquél momento "¿cómo va a haber escrito Calle melancolía o Peor para el sol, si lo tengo aquí delante?" , como si fuera imposible que estas canciones hubieran salido de la mente de un hombre que vive y respira como los demás, que camina entre nosotros como uno más y que siente también sobre sí los estragos del tiempo: un Sabina envejecido que ya ronda los 60 años, pero no era el Sabina artista, el Sabina del bombín y el escenario, sino un Sabina más formal (cómo era de esperar en el homenaje a su amigo Ángel), un Sabina más literario, casi un Sabina de café, chinchón y tertulia.
Y después tomé algo con un amigo y volví a casa a seguir preparando las oposiciones.
Recuerdo que lo primero que hice en aquel momento fue pegar un salto. Lo segundo, avisar a otros dos amigos míos, fans de Sabina como yo, pero que por desgracia no pudieron asistir. Una auténtica lástima. En fin, conseguí llegar al campus del Milán a tiempo, pese a que vivo en la otra punta de Oviedo (ayudado por el hecho de que la ciudad está construída en forma de cuesta, y al bajar la gravedad siempre echa un cable) y, efectívamente allí estaba: Joaquín Sabina, rodeado de fotógrafos y periodistas, y hablando con otras personas, entre las que acerté a conocer a García Martín.
¿Y quién es este García Martín? Pues es un reputado crítico y antólogo, director de la revista literaria Clarín de Oviedo y profesor de la universidad de dicha ciudad. Cuando yo aún estaba en filología inglesa, cogí un par de asignaturas de libre configuración con él: Lit. española del siglo XX y Lit. española de la Ilustración y siglo XIX. Recuerdo aquellas clases cargadas de anécdotas, podría pasarme una tarde entera contando historias al respecto. El caso es que este profesor, José Luis García Martín, era sobre todo, cómo él mismo dice, "un gran lector". Prueba de ello era que, el primer día de clase, nos pidió que anotasemos en un papel los tres últimos libros que hubieramos leído, luego fue preguntando de uno en uno y resultaba que se los había leído todos, el tío (lo más asombroso fue el caso de un alumno Erasmus rumano, que citaba un libro de un autor rumano que sólo se había traducido al francés, ¡y también lo había leído!)
Pero a lo que iba: esta gente se había juntado para rendir homenaje a Ángel González, poeta ovetense fallecido el pasado 12 de enero. Se puede encontrar parte de su vida y obra en http://amediavoz.com/gonzalez.htm
Yo, como venía contando, no tenía ni idea de a santo de qué se habían reunido todas estas personas, y cuando me enteré de que se trataba de un homenaje a Ángel González creí que tenía derecho a quedarme: el salón de actos estaba lleno hasta la bandera (supongo que debido a la presencia de Joaquín Sabina), de hecho yo tuve que quedarme de pie. Digo que tenía derecho a quedarme porque, aunque Joaquín Sabina fue la excusa para ir, Ángel González fue la razón para quedarme, especialmente porque yo había tenido la decencia de asistir a su homenaje habiendo comprado un libro suyo meses antes de su fallecimiento. Saber que, de entre todos los presentes, yo era algo más que un mero fan de Sabina, o que un mero alumno de la universidad obligado a asistir para hacer un trabajo al respecto, por ejemplo, me dio mucho que pensar.
También se encontraban allí Susana Rivero, viuda de Ángel González, y Luis García Montero, entre otros. Después de los obligados elogios al rector y una especie de "aún no se como llamarlo" a Joaquín Sabina (era una especie de justificación a que estuviera allí, algo así como, y perdónenme la libre interpretación, un decir "anda, venga, vamos a hacer como que también es poeta", con esa suficiencia gallinácea que caracteriza a los catedráticos), comenzó el acto. Los ponentes iban contando cosas sobre Ángel González y leyendo algunos de sus poemas.
Yo conocía algunos, en parte por la asignatura de Lit. española del S. XX que impartía García Martín, y en parte por el libro que compré, que creo que se titula, y perdónenme si me equivoco, La poesía antológica del Eros. De cómo este libro acabó en mis estanterías también tiene su historia: lo encontré en la librería Cervantes, y al ver que era de Ángel González, comencé a hojearlo. Me sorprendió mucho, era una combinación entre expresividad y sencillez muy agradable, en un tono muy asequible para todos los públicos; me refiero a que era una poesía muy "entendible", no a que sea el equivalente literario de El rey León.
Volviendo al homenaje, como colofón de la mañana conseguí el autógrafo de Joaquín Sabina. Lo tengo en el moleskine que Anaïs me regaló hace un mes. Al verlo de cerca, encontré a un Sabina distinto de lo que me esperaba. Recuerdo que pensaba en aquél momento "¿cómo va a haber escrito Calle melancolía o Peor para el sol, si lo tengo aquí delante?" , como si fuera imposible que estas canciones hubieran salido de la mente de un hombre que vive y respira como los demás, que camina entre nosotros como uno más y que siente también sobre sí los estragos del tiempo: un Sabina envejecido que ya ronda los 60 años, pero no era el Sabina artista, el Sabina del bombín y el escenario, sino un Sabina más formal (cómo era de esperar en el homenaje a su amigo Ángel), un Sabina más literario, casi un Sabina de café, chinchón y tertulia.
Y después tomé algo con un amigo y volví a casa a seguir preparando las oposiciones.
domingo, mayo 11, 2008
POR ESO...
Si no hay palabras, si no hay aliento,
si no hay intrigas ni desamor,
si no hay montañas en el desierto,
si no hay chillidos de ruiseñor.
Si no hay sarcasmos ni sufrimiento,
si no hay discursos de orador,
si no hay procesiones ni por dentro,
si no hay excusas para el rencor.
Si no hay mentiras porque no miento,
si no hay espinas, si no hay dolor,
si no hay dinero vivo del viento,
el que me sopla de tu balcón.
Por eso déjame gritarte a ti
que en estos versos van mis latidos,
y déjame echarme a dormir
en ese sueño del que has salido,
y déjame soplar sin fin
todas las velas que hemos cumplido,
y déjame gritarte a ti
que estoy vivo.
Si no hay recesos, si no hay esperas,
si no hay saludos con beso gris,
si no hay señales de la impaciencia,
si no hay reproches de bisturí.
Si no hay pecados ni penitencias,
si no hay caprichos de emperatriz,
si no hay lágrimas de tormenta,
si no hay nociones de lo infeliz.
Si no hay silencios de intransigencia,
si no hay enfados de "no" pueril,
si no hay postales desde la ausencia,
es porque siempre estuviste aquí.
Por eso déjame gritarte a ti
que en estos versos van mis latidos,
y déjame echarme a dormir
en ese sueño del que has salido,
y déjame soplar sin fin
todas las velas que hemos cumplido,
y déjame gritarte a ti
que estoy vivo.
Por estos cuatro años y medio. Gracias
si no hay intrigas ni desamor,
si no hay montañas en el desierto,
si no hay chillidos de ruiseñor.
Si no hay sarcasmos ni sufrimiento,
si no hay discursos de orador,
si no hay procesiones ni por dentro,
si no hay excusas para el rencor.
Si no hay mentiras porque no miento,
si no hay espinas, si no hay dolor,
si no hay dinero vivo del viento,
el que me sopla de tu balcón.
Por eso déjame gritarte a ti
que en estos versos van mis latidos,
y déjame echarme a dormir
en ese sueño del que has salido,
y déjame soplar sin fin
todas las velas que hemos cumplido,
y déjame gritarte a ti
que estoy vivo.
Si no hay recesos, si no hay esperas,
si no hay saludos con beso gris,
si no hay señales de la impaciencia,
si no hay reproches de bisturí.
Si no hay pecados ni penitencias,
si no hay caprichos de emperatriz,
si no hay lágrimas de tormenta,
si no hay nociones de lo infeliz.
Si no hay silencios de intransigencia,
si no hay enfados de "no" pueril,
si no hay postales desde la ausencia,
es porque siempre estuviste aquí.
Por eso déjame gritarte a ti
que en estos versos van mis latidos,
y déjame echarme a dormir
en ese sueño del que has salido,
y déjame soplar sin fin
todas las velas que hemos cumplido,
y déjame gritarte a ti
que estoy vivo.
Por estos cuatro años y medio. Gracias
domingo, abril 20, 2008
Hambre de pan, de horizontes y de oficialidad
A raíz de este artículo es muy posible que me aplaudan... la cara. El tema que voy a tocar, si bien no debería ser polémico per se, es un tema que genera bastante controversia. Se trata de la Lengua Asturiana, o Llingua. Se trata de un idioma... ¿idioma o dialecto? Veremos:
Porque el caso es que, en Asturias, existe una lengua que no es ni castellano ni gallego, sino una lengua distinta que, a diferencia de las otras lenguas de la península como el catalán o el gallego, no goza del estatus de la oficialidad.
L'asturianu, como en la propia lengua se denomina, es una lengua que deriva del latín; yo sospecho que surgió de la misma rama que el castellano, por guardar algunas similitudes gramaticales con el castellano antiguo, en especial la de posposición de los pronominales átonos con respecto al verbo ("me encontraba" por "encontrábame"). En un principio parece que pudiera ser que no surgió del latín, sino que fuera una forma degenerada del castellano antiguo, pero hay diferencias: por ejemplo, la ausencia del sonido "j" (existe un sonido similar en la variante oriental, pero no seria una "j" sino algo más parecido a la "h" inglesa). Y, sobre todo, lo que me llevó a pensar que es realmente una lengua romance por derecho propio es el hecho de que ya era conocida en los tiempos del castellano antiguo, claro que por entonces se conocía como "astur-leonés". Hoy se le llama Asturianu, Llingua o Bable.
Aquí estoy obligado a hacer un inciso: el término "bable" hoy no es despectivo. Es cierto que, en su origen, se usaba para hacer referencia a un habla titubeante y balbuciente, pero hoy se usa simplemente para designar al Asturianu de una forma más corta. Ocurre lo contrario, por ejemplo, con la palabra "moro"; que antiguamente servía para referirse a los musulmanes y que hoy se considera un término peyorativo. Por cierto, esta palabra se conserva en asturiano con otro significado: "moro" o "mouro" significa "oscuro".
Y es que la Llingua conserva términos que intuyo pertenecen a los dialectos anteriores a la llegada de los romanos a la península, especialmente para la fauna: "chóndriga" es nutria, "melandro" es tejón, "raitán" es petirrojo, "pita" es gallina, "gochu" es cerdo, etc, así como a la flora, donde "carbayo" es roble. También hay palabras casi únicas para nombrar a los instrumentos de labranza y otras herramientas: "garabata", "chapo", "morgaza"...
En España existen 5 lenguas: castellano, gallego, euskera, catalán y asturiano. Sin embargo, lenguas oficiales son tambien 5: castellano, gallego, euskera, catalán y valenciano. Sí, he dicho bien: valenciano. Pese a ser una variante del catalán, está reconocido oficialmente como lengua.
En Asturias, hay división de opiniones sobre si debería el asturiano ser lengua oficial o no: al ser el asturiano una lengua básicamente de tradición oral no se conservan textos escritos, y está también el tema de los tiempos que corren; la globalización no deja lugar a las minorías, y con apenas 1millón de habitantes... y tampoco deja lugar a lo que no sea inmediatamente "útil": ¿quién se va a poner a aprender asturiano para trabajar en Asturias (donde no hay mucho trabajo), pudiendo aprender inglés para trabajar en el Reino Unido, o en Estados Unidos?
Y yo digo: cierto, pero también está el hecho de que es nuestra herencia como asturianos, es un patrimonio cultural que se está perdiendo por dejadez, nuestra o del Estado; y hay algo de trágico en la pérdida de una lengua, pues que una lengua desaparezca quiere decir que toda la gente que la hablaba ha muerto sin transmitirla a la siguiente generación. Si el asturiano desaparece lo hará para siempre, y tal vez perviva sólo en forma amestada (el asturiano amestao es básicamente castellano con algunos giros y modismos del asturiano).
No había hablado "fuera de Asturias" de esto por una razón: por no hacer propaganda, debido a ciertos defensores del asturiano que no piensan más que en aprovecharse de ello para obtener subvenciones. Hace tiempo, uno de ellos me decía que yo tenía que escribir poemas, que él los traduciría al asturiano para que nos dieran una subvención. Creo que nunca he tenido tantas ganas de escupirle a alguien en la cara. Pero bueno, si al final me he animado a hacerlo es porque he comprendido que indeseables los hay en todas partes y en todos los ámbitos, y porque también es más importante la supervivencia del idioma que las diferencias que yo pueda tener con sus defensores, que bastante tienen con el poco caso que les hacen.
Además, hay algo de clasismo en esto; la lengua asturiana se vincula tácitamente a personas de bajo nivel cultural, a la gente de las pequeñas aldeas apartadas... a los garrulos, vaya. Como contrapartida, los defensores del asturiano hacen por reafirmarse en ello, por encerrarse en la llingua y en las viejas costumbres, y es lógico cuando desde hace muchisimos años se han sentido discriminados, por el simple hecho de ser los depositarios del legado lingüístico asturiano, y señalados como gente atrasada y cortos de entendederas.
Mi conclusión... en realidad no es una conclusión porque no concluyo nada, este tema seguirá siendo la pescadilla que se muerde la cola durante mucho tiempo, supongo, pero sí que tendría un consejo para los defensores del asturiano, algo que puede parecer chocante y contradictorio: por favor, hablad en castellano; permitid que os conozcan tal como sois, que vean que no sois la gente atrasada que los detractores del asturiano dicen que sois; y cuando vean la realidad, cuando comprendan que en verdad sois gente comprometida con una causa, gente inteligente que sabe que tiene algo frágil y valioso entre las manos, con un sentimiento de deber hacia las futuras generaciones de asturianos, entonces será el momento de enseñarles la llingua. Pensad que, al fin y al cabo, lo más importante es entenderse, especialmente cuando es una lengua lo que está en juego.
Porque el caso es que, en Asturias, existe una lengua que no es ni castellano ni gallego, sino una lengua distinta que, a diferencia de las otras lenguas de la península como el catalán o el gallego, no goza del estatus de la oficialidad.
L'asturianu, como en la propia lengua se denomina, es una lengua que deriva del latín; yo sospecho que surgió de la misma rama que el castellano, por guardar algunas similitudes gramaticales con el castellano antiguo, en especial la de posposición de los pronominales átonos con respecto al verbo ("me encontraba" por "encontrábame"). En un principio parece que pudiera ser que no surgió del latín, sino que fuera una forma degenerada del castellano antiguo, pero hay diferencias: por ejemplo, la ausencia del sonido "j" (existe un sonido similar en la variante oriental, pero no seria una "j" sino algo más parecido a la "h" inglesa). Y, sobre todo, lo que me llevó a pensar que es realmente una lengua romance por derecho propio es el hecho de que ya era conocida en los tiempos del castellano antiguo, claro que por entonces se conocía como "astur-leonés". Hoy se le llama Asturianu, Llingua o Bable.
Aquí estoy obligado a hacer un inciso: el término "bable" hoy no es despectivo. Es cierto que, en su origen, se usaba para hacer referencia a un habla titubeante y balbuciente, pero hoy se usa simplemente para designar al Asturianu de una forma más corta. Ocurre lo contrario, por ejemplo, con la palabra "moro"; que antiguamente servía para referirse a los musulmanes y que hoy se considera un término peyorativo. Por cierto, esta palabra se conserva en asturiano con otro significado: "moro" o "mouro" significa "oscuro".
Y es que la Llingua conserva términos que intuyo pertenecen a los dialectos anteriores a la llegada de los romanos a la península, especialmente para la fauna: "chóndriga" es nutria, "melandro" es tejón, "raitán" es petirrojo, "pita" es gallina, "gochu" es cerdo, etc, así como a la flora, donde "carbayo" es roble. También hay palabras casi únicas para nombrar a los instrumentos de labranza y otras herramientas: "garabata", "chapo", "morgaza"...
En España existen 5 lenguas: castellano, gallego, euskera, catalán y asturiano. Sin embargo, lenguas oficiales son tambien 5: castellano, gallego, euskera, catalán y valenciano. Sí, he dicho bien: valenciano. Pese a ser una variante del catalán, está reconocido oficialmente como lengua.
En Asturias, hay división de opiniones sobre si debería el asturiano ser lengua oficial o no: al ser el asturiano una lengua básicamente de tradición oral no se conservan textos escritos, y está también el tema de los tiempos que corren; la globalización no deja lugar a las minorías, y con apenas 1millón de habitantes... y tampoco deja lugar a lo que no sea inmediatamente "útil": ¿quién se va a poner a aprender asturiano para trabajar en Asturias (donde no hay mucho trabajo), pudiendo aprender inglés para trabajar en el Reino Unido, o en Estados Unidos?
Y yo digo: cierto, pero también está el hecho de que es nuestra herencia como asturianos, es un patrimonio cultural que se está perdiendo por dejadez, nuestra o del Estado; y hay algo de trágico en la pérdida de una lengua, pues que una lengua desaparezca quiere decir que toda la gente que la hablaba ha muerto sin transmitirla a la siguiente generación. Si el asturiano desaparece lo hará para siempre, y tal vez perviva sólo en forma amestada (el asturiano amestao es básicamente castellano con algunos giros y modismos del asturiano).
No había hablado "fuera de Asturias" de esto por una razón: por no hacer propaganda, debido a ciertos defensores del asturiano que no piensan más que en aprovecharse de ello para obtener subvenciones. Hace tiempo, uno de ellos me decía que yo tenía que escribir poemas, que él los traduciría al asturiano para que nos dieran una subvención. Creo que nunca he tenido tantas ganas de escupirle a alguien en la cara. Pero bueno, si al final me he animado a hacerlo es porque he comprendido que indeseables los hay en todas partes y en todos los ámbitos, y porque también es más importante la supervivencia del idioma que las diferencias que yo pueda tener con sus defensores, que bastante tienen con el poco caso que les hacen.
Además, hay algo de clasismo en esto; la lengua asturiana se vincula tácitamente a personas de bajo nivel cultural, a la gente de las pequeñas aldeas apartadas... a los garrulos, vaya. Como contrapartida, los defensores del asturiano hacen por reafirmarse en ello, por encerrarse en la llingua y en las viejas costumbres, y es lógico cuando desde hace muchisimos años se han sentido discriminados, por el simple hecho de ser los depositarios del legado lingüístico asturiano, y señalados como gente atrasada y cortos de entendederas.
Mi conclusión... en realidad no es una conclusión porque no concluyo nada, este tema seguirá siendo la pescadilla que se muerde la cola durante mucho tiempo, supongo, pero sí que tendría un consejo para los defensores del asturiano, algo que puede parecer chocante y contradictorio: por favor, hablad en castellano; permitid que os conozcan tal como sois, que vean que no sois la gente atrasada que los detractores del asturiano dicen que sois; y cuando vean la realidad, cuando comprendan que en verdad sois gente comprometida con una causa, gente inteligente que sabe que tiene algo frágil y valioso entre las manos, con un sentimiento de deber hacia las futuras generaciones de asturianos, entonces será el momento de enseñarles la llingua. Pensad que, al fin y al cabo, lo más importante es entenderse, especialmente cuando es una lengua lo que está en juego.
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